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Guatemala: de mestizo a ladino, 1524-1964 I

19 septiembre, 2007 Deja un comentario Go to comments
PRIMERA PARTE
Introducción: 

El presente artículo es un resumen analítico en el ámbito historiográfico sobre el proceso de mestizaje, el surgimiento del ladino y la construcción del proyecto nacional en Guatemala a partir de la idea de la ladinización.
Dos preguntas básicas y un propósito se desprenden en la actualidad para el caso de Guatemala a la hora de reflexionar sobre el mestizaje como proceso histórico y como contenido ideológico de un proyecto nacional y de una ideología nacionalista, partiendo del mito sobre la mezcla de las razas (especialmente la indígena y la española).

 

La primera de ellas es saber cómo el mestizaje pasó a producir el concepto de ladino, sin que este fuese exclusivamente su sinónimo, sino una nueva etapa ideológica del mismo. De hecho, en el sentido de la miscegenación, ladino es sinónimo de mestizo, pero al final de la Colonia también lo era de castas y, en la época actual lo es de no- indígena, concepto que ha perdido el primigenio sentido racial del mestizaje. Por eso, se nos impone una investigación histórica de la evolución del término para poder comprender el carácter ideológico que tiene en la Guatemala de hoy. La segunda pregunta es cómo el ladino pasó a ser el actor de la historia nacional guatemalteca y, por ende, cómo su ideología étnica —la ladinización- pasó a constituirse en el paradigma de nación en la primera mitad del siglo XX.
En cuanto al propósito, es el de ayudar a reflexionar desde la historia cómo se puede ayudar comprender la crisis en que se encuentra el proyecto de nación en Guatemala.
El punto de partida para ello será el análisis de La patria del criollo de Severo Martínez Peláez, cuyos capítulo VI y VIII están enteramente dedicados a hacer un ensayo histórico sobre el mestizaje durante la Colonia en el Reino de Guatemala y sobre la permanencia de elementos de la realidad colonial hasta nuestros días. A partir de él, el análisis de los trabajos que han ido dialogando con el tema del mestizaje y el proyecto nacional guatemalteco encarnado por la ladinización en los años cincuenta y sesenta del siglo XX, exponiendo las ideas fundamentales que los investigadores han planteado en las últimas tres décadas, ya sea que confirmen, contradigan, amplíen o innoven las hipótesis iniciales del reconocido historiador guatemalteco.
Considerar la historización del grupo ladino exige una visión integral de su formación como grupo social y de los valores que éste reproduce. La tarea es imposible si no va articulada al esfuerzo de tratar de entender lo que le ha acontecido desde hace quinientos años. ¿Cuáles fueron las bases de vida que se le ofrecieron, las circunstancias en las que la historia colonial y, luego, la republicana lo colocaron y en las que, a partir de la Revolución liberal de 1871, él mismo se colocó desde el poder nacional? las etnias o grupos sociales no son esencia, sino historia. Y la historia no está integrada por grupos humanos que encantan o desencantan, sino por realidades extrapersonales (ideologías, procesos económicos y sociales, hechos políticos, etc.)

El contenido étnico del mestizaje

Severo Martínez Peláez es el investigador moderno que primero intento dar una explicación histórica global del fenómeno del mestizaje en Guatemala, especialmente durante la Colonia, por lo que es justo comenzar exponiendo sus ideas desarrolladas en La patria del criollo, y al mismo tiempo señalar los límites y contradicciones que éstas tienen en torno a la comprensión de su evolución en los siglos XIX y XX, que de hecho han sido motivo de reflexión de los historiadores y cientistas sociales que le seguimos.

El hace observar que hacia finales del régimen colonial, los mestizos -las denomina “capas medias” por razones de un análisis marxista de clase-, constituían la tercera parte de la población total del Reino de Guatemala, calculada en 1.000,000 de personas. De un inicial mestizaje entre españoles e indígenas, el incremento numérico de los mestizos se dio debido a la multiplicación de los mestizos entre sí y por sus relaciones con otros grupos. Si bien en la etapa inicial éste fue un fenómeno relativamente simple -la unión de españoles e indígenas-, poco a poco pasó a ser de una complejidad inextricable, donde lo racial fue cediendo paso a lo económico y a lo cultural.

Los mestizos no eran ni querían ser indígenas, pues eran trabajadores libres y no estaban obligados a tributar, teniendo libertad de desplazarse a vivir de un lugar a otro, pero con restricciones en los pueblos de indios y las villas de españoles, debido al orden jurídico de las “dos Españas”. Tampoco tenían acceso a cargos públicos y les estaban vedadas ciertas ocupaciones, encontrándose sujetos a penas especiales de acuerdo a su clasificación por castas.
Martínez Peláez continúa relatando que provenían de la unión de los tres elementos raciales básicos en la Colonia: españoles, indígenas y negros. De ellos surgieron, a su vez, tres tipos de mestizos básicos: el procreado de español e indígena, al que se llamó propiamente mestizo; el de español con negro, que se denominó mulato y el de negro con indígena, el zambo. Sin embargo, las sucesivas mezclas de españoles, indígenas, negros, mestizos, mulatos y zambos dieron resultado una serie de mezclas étnicas que la Corona terminó por definir como castas y, en el caso de Guatemala, a finales de la Colonia, como pardos y/o ladinos.
Señala, a su vez, que representaban una anomalía para el esquema jurídico político español expresado en la bipolaridad de las “dos Españas en América: una república de españoles y otra república de indios. De esa forma, el mestizaje era un problema que se veía agravado por tres factores: su incesante aumento poblacional, el lentísimo desarrollo económico de la sociedad colonial -con estancamiento y crisis en su última época- y la existencia de una política “bloqueo” político-económico para ese nuevo sector social por parte de los grupos hegemónicos.
Si bien es cierto lo de la existencia inicial de un bloqueo a los mestizos —especialmente en el uso de la tierra y el acceso a cargos públicos- por parte de la Corona española y de los grupos dominantes, ya a finales de la Colonia éste no era necesariamente total, como tampoco les era igualmente nocivo el estancamiento económico que afectaba al grupo criollo del Reino de Guatemala. Lo que sí es cierto es la lucha por la supervivencia los obligó a ser un grupo humano que, con su irrupción en la vida social en el campo y las ciudades, causaba molestias tanto a los españoles y criollos, como a las comunidades indígenas, siendo por ello motivo de rechazo y de clara estereotipación social. O sea que, con el tiempo resultaron inútiles las diferentes medidas por aislar a los mestizos de los pueblos de indios y evitar su cada vez mayor presencia urbana.
Paralelamente, Martínez Peláez, consciente de que los documentos coloniales -sobre todo a partir del siglo XVIII- empezaron a usar con más frecuencia el término ladino, consideró oportuno aclarar cuál era el uso que le daría con respecto al de mestizos. De esa forma, denominó “mestizos” a los elementos humanos originados por la mezcla de las razas mencionadas (blanca, india y negra), mientras que para él “ladinos” eran -tal como lo designaba el cronista Antonio Fuentes y Guzmán en su Recordación Florida-, las personas o conjunto de personas que no eran indias ni españolas o criollas. Así, la conceptualización de los segundos es más amplia que la de los primeros, al incluir además de los mestizos a los negros. Asimismo, señala, que el término ladino contiene un concepto negativo, pues se refiere a todas las personas que en la sociedad colonial no eran indígenas ni españolas o descendientes de puros españoles. Al mismo tiempo, el hecho de que existiesen grupos (étnicos) diversos entre los ladinos, excluía “totalmente la posibilidad de que en ningún momento consideremos a la suma de los ladinos como un grupo social.”
Seguidamente, el historiador guatemalteco pasa a señalar, si bien a principios del siglo XVII, a la hora de presentar el cuadro social del Reino de Guatemala, la crónica Nueva relación que contiene los viajes de Tomás Gage en la Nueva España se refiere con detalle a las diferencias de los distintos tipos de castas y/o mestizos, a finales de dicho siglo Fuentes y Guzmán ya no hacía distinción de matices, empleando la denominación “mestizos y mulatos” para referirse a los grupos sociales producto del mestizaje y empezó a usar el termino “ladinos” para designar a los grupos de gente mestiza en distintas localidades del reino. Finalmente, mientras que en lo referente a la población negra esclava propiamente dicha, a principios del siglo XVII Gage señalaba su importancia numérica comparada con la de los mestizos, Fuentes y Guzmán apuntaba cómo el cuadro demográfico había cambiado radicalmente a finales del mismo, casi desapareciendo éstos.
Marcado por un empeño de definir la estructura de clases de la sociedad colonial guatemalteca -y centroamericana-, Martínez Peláez afirmaba que, en ese proceso en el que se fueron borrando los matices étnicos dentro del gran conjunto de ladinos, las diferencias de orden económico y social comenzaron a ser evidentes en su seno. De esa manera, Fuentes y Guzmán había dado noticias de grupos de mestizos rurales flotantes y muy inadaptados, a quienes acusaba de vagos y ladrones, distinguiéndolos de otros grupos de mestizos y mulatos que trabajaban la tierra, criaban y vendían ganado, poseían pequeños comercios en tiendas o eran buhoneros, y estaban dedicados a las artesanías.
Luego, para tratar propiamente la realidad del mestizaje en el siglo XVIII, al historiador guatemalteco se le hace indispensable consultar la Descripción geográfico-moral de la diócesis de Goathemala, 1768-1770 de Pedro Cortés y Larraz, en la que ya se presenta una visión diferente de los mestizos. El prelado guatemalteco constataba con alarma cómo, al margen de las ciudades de los españoles y de los pueblos de indios, en una zona muy difusa, que escapaba al control de las autoridades coloniales y de la Iglesia, se extendía el mundo de los ladinos rurales. Este abarcaba a mestizos y mulatos por igual, imposibilitando establecer diferenciaciones de matices étnicos dentro de una población creciente en haciendas, hatos, rancherías, valles, trapiches, obrajes, salinas y pajuides. Gente a la que no alcanzaba la justicia real ni el orden religioso. Asimismo, el prelado constataba que -a pesar de que les estaba prohibido- los indígenas huían de sus pueblos a esconderse en los reductos de ladinos rurales, los que aún siendo explotados vendían libremente la mano de obra, tenían facilidad de movilización en ciertos espacios del territorio provincial del reino y, sobre todo, no tributaban. En resumen, los mestizos y los ladinos eran ya una de las más importantes fuerzas sociales del Reino de Guatemala.
Por último, Martínez Peláez dedicó un espacio en su obra a tratar sobre el desarrollo de los mestizos en las ciudades del reino, llegando a la conclusión de que éstos configuraron tres “capas medias urbanas”: la plebe, los artesanos y la capa media alta. La “plebe o vulgo” era gente pobre, mestiza casi toda ella, que se hacía cada día más numerosa e irritable. La constituían mulatos, zambos, negros libres y la multitud de combinaciones que se englobaban en la designación de pardos. Así, aunque el término pardos se aplicaba a las personas con alguna porción de sangre negra, terminó por designar al conjunto de los mestizos y por ser su “sinónimo”.
Para ello, el historiador guatemalteco se basó tanto en el Informe del ministro tesorero de la Reales Cajas de Guatemala sobre el estado deficiente del erario antes y después del 15 de septiembre de 1821, Madrid, 11 de marzo de 1824, Manuel Vela, quien señalaba cómo los mestizos eran denominados mulato, como en el de José de Aycinena, del Consejo de Estado, quien informaba por las mismas fechas que, si bien debía de llamarse propiamente pardos a los que eran descendiente de negros, al haber muy pocos en el Reino de Guatemala, se llamaba vulgarmente mulatos a los individuos de la población que había resultado de las mezclas de indios y españoles.
Ello lleva a Martínez Peláez a sentir la necesidad de rectificar la exactitud conceptual del uso de los términos mestizos, pardos, mulatos y ladinos en los documentos y autores coloniales citados, señalando, por ejemplo, que si bien el tesorero Vela a inicios del siglo XIX llamaba mulatos a los mestizos -debido a que la infinita variedad de tipos étnicos hacía imposible seguir con la lógica de las castas-, había terminado por crear una cierta “informalidad” en uso de las palabras. Lo “correcto, dentro de los criterios coloniales debía de ser lo expresado en el escrito Diputación Provincial de Nicaragua y Costa Rica al Ministerio de Gobernación de Ultramar, sobre la dificultad de aplicar el sistema electoral constitucional en un medio dividido en 22 castas. 22 de noviembre de 1820, donde se afirmaba que:
“El blanco con el indio da el mestizo, y si éste produce con blanco resulta el castizo, que unido al blanco su prole pasa ya por blanca; siendo salto a tras la mezcla del mestizo o el castizo con cualesquiera otra raza. La blanca con el negro da el mulato, y el negro con en el indio zambo. Estas son las razas calificadas y comúnmente conocidas en el país… Las mezclas subsecuentes de las personas mixtas son inacabables e innominadas, pero generalmente a todas las personas que no son indios puros se les llama gente de razón o Ladinos y a los blancos españoles”.
Asimismo, corrige a Fuentes y Guzmán por usar:
“… el término ‘ladinos’ con cierta imprecisión -quizá como consecuencia de los grandes cambios que en su tiempo se estaban operando en las capas medias-. En dos o tres oportunidades habla de ‘indios muy ladinos’ para indicar que se trata de gente mas educada, mas pulida que el resto de los indios.” Ocasionalmente usa el termino para indicar a todos los que no son indios, incluidos allí también los españoles: ‘los españoles y demás ladinos’. Esta ultima acepción -ladino es todo aquel que no es indio- es la que se usa vulgarmente en Guatemala (incluso la emplean algunos científicos extranjeros para dividir al conglomerado en dos grandes sectores y ocultar la estructura de clases) y resulta sorprendente encontrarla en el cronista, si bien es excepcional. La acepción predominante en la obra es la que designa como ladinos a todos los mestizos, excluyendo a indios, negros y españoles o criollos… Digamos, también, que en siglo XVIII -el subsiguiente a la época del cronista- se generalizo, hasta el final de la Colonia, el uso de la palabra ‘ladino’ para designar aquel que no era indio ni español o criollo, incluidos los negros.
Martínez Peláez llega a afirmar que:
“Los criollos desplazados, los que perdieron su posición de latifundistas explotadores de indios, naturalmente dejaron por eso mismo de ser criollos, aunque racialmente se hayan conservado como descendientes de familias españolas”
A estas alturas del análisis de La patria del criollo en lo referente a las afirmaciones sobre la dinámica étnica del mestizaje en el Reino de Guatemala, es importante señalar un cierto número de contradicciones en las que incurre Martínez Peláez y que muchos autores han retomado sin reparar en ellas. A juicio, éstas son las siguientes:

1. No percibir que, si a finales del siglo XVII Fuentes y Guzmán ya empleaba el término ladino para incluir a cierto tipo de indios y españoles que actuaban socialmente dentro del conjunto de los ladinos, especialmente por razones económicas de inserción social o empobrecimiento económico, no era motivo de “imprecisión” conceptual, sino la constatación de que el lenguaje nombraba una realidad social distinta a la del siglo XVI, aunque estuviese usando un vocablo que en sus orígenes tenía una acepción más restringida.
2. Insistir en que a finales del siglo XVIII y a principios del XIX el término ladino seguía siendo aquél que, además de nombrar a los mestizos y mulatos como productos de la miscegenación, incluía étnicamente solo a los negros, no así a indios, españoles o criollos, cuando los documentos que él mismo cita dicen lo contrario. Por ejemplo, el aludido de la Diputación de Nicaragua y Costa Rica señalaba que no incluía a “indios puros” ni a “blancos españoles”, con lo que dejaba entender que sí incluía a los indios aladinados y algún tipo de blancos, los criollos por ejemplo. Por su parte, en su Descripción, Cortés y Larraz incluía claramente en el mundo de los ladinos rurales a los españoles empobrecidos del agro guatemalteco y a los indígenas fugos de los pueblos de indios.
3. Afirmar que la condición de “latifundista” era la que determinaba en ultima instancia el ser criollo y no el hecho de ser descendientes de españoles, cuando consta que en la memoria colectiva de éstos estaba presente -y aún lo está- el valor positivo de ser “descendientes de familias españolas”, lo que no necesariamente sucedería con los futuros latifundistas ladinos, quienes se vieron obligados a afirmar de forma negativa que ante todo no tenían sangre india en sus venas.
4. Considerar que la acepción ladino como equivalente a la de no-indígena en la Guatemala del siglo XX no es una construcción histórica y social, sino algo de uso “vulgar”, misma que adoptaron los científicos extranjeros para negar las clases sociales. Como se verá más adelante, la realidad presente de Guatemala evidencia que esa evolución es un producto histórico y social, asumido muy oficialmente por parte del Estado.
En conclusión: Martínez Peláez, sin quererlo, terminó por hacer del mestizo un sinónimo del ladino y viceversa, manteniendo el principio del contenido social-biológico del término tal y como fue al inicio de la Colonia. Y, además, si bien vio en el proceso de mestizaje el paso de un contenido racial a uno económico, no se atrevió a aceptar que en Guatemala la categoría étnica jugaba un papel importante en las relaciones de clase. Es decir, aunque admitía lo complejo de la interrelación entre etnia y clase, entre raza y cultura en el proceder social guatemalteco, terminó por simplificarla en sus conclusiones históricas en función de acordarle a las relaciones económicas una preeminencia en la evolución histórica de la sociedad guatemalteca.
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  1. Saul Guerra Gutierrez
    19 mayo, 2014 en 2:41 pm

    Yo creo que en Guate habemos ladinos aindiados e indios aladinados, total, todos guatemaltecos. La verdadera diferencia que importa no es racial, el meritito meollo es la desigualdad social y economica.

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  2. Hanahpú
    18 enero, 2012 en 3:18 am

    Y al final que mas da quien se mezcle con quien, desde que sea una mujer y un hombre se sabe que el resultado será otro ser humano mas en el mundo, el resto es ignorancia y falta de personalidad.

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