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Guatemala: de mestizo a ladino, 1524-1964 III

20 septiembre, 2007 Deja un comentario Go to comments
Tercera parte y final
Los liberales y la “república de ladinos”
En las conclusiones de Invención criolla, sueño ladino pesadilla indígena, se afirmaba que el hecho de que la base social y la dirigencia de la Revolución del 71 fuese esencialmente ladina altense, le permitió al proyecto liberal establecer la visión “bipolar” que la sociedad guatemalteca conoció oficialmente hasta los Acuerdos de Paz de 1996. Guatemala pasó a ser, así, un país dividido por el Estado en ladinos e indígenas. Tal hecho, abrió las puertas a una política de ladinización, entendida esta más como un intento de homogeneizar al dispar grupo ladino, que como la asimilación sistemática de todos los indígenas. Por tales razones, éste grupo pasó poco a poco a asumir la connotación de no-indígena y, por tanto, a incluir a criollos, blancos europeos, chinos, negros, árabes, etc. Es decir, perdió su connotación racial de casta y adquirió la cultural de antiindígena, que no necesariamente es la de blanco, sino que puede ser la genérica de occidental, de civilizado. En el ámbito de la sociedad, tal tipo de homogeneización partía de los privilegios que el ejercicio de la ciudadanía le daba a los ladinos y, en general, a todos los no-indígenas, exonerándolos del trabajo forzado y la tributación, y de la segregación política y educativa que se aplicaba a los indígenas. A partir de ello, el Estado guatemalteco empezó a diseñar una comunidad imaginada nacional, donde lo ladino pasó a ser sinónimo de lo guatemalteco. La investigación en curso de CIRMA está demostrando que para lograr la efectividad de la segregación sin aparentemente alterar la prescripción de los liberales del respeto a la ciudadanía universal y a la igualdad de derechos y obligaciones de todos los habitantes de Guatemala, ésta fue (y ha sido) legitimada por el poder a través de leyes secundarias (decretos, reglamentos, códigos, etc.). De esa forma, por necesidad económica -más de mano de obra que de tributación-, los liberales mantuvieron de forma solapada la política segregacionista aplicada por el Estado conservador y la terminaron de legitimar con políticas educativas y de servicio público. En materia de las relaciones interétnicas, al dividir binariamente a la población guatemalteca en indios y ladinos, el Estado liberal simplificó por obvias razones políticas la complejidad del sistema de castas heredado de la Colonia, el que, como se ha dicho, los conservadores habían reducido a un esquema esencialmente trinitario de criollos, ladinos e indios. De esa suerte, pasó a convivir en las esferas estatales una política de segregación hacia las comunidades indígenas y una de asimilación hacia individuos indígenas que negaban su realidad comunitaria. Con ello, el Estado guatemalteco tendió a buscar más la homogeneización ciudadana y cultural de los integrantes del grupo ladino, que a plantear un proyecto de universalidad ciudadana y, por tanto, nacional, de tal forma que indígenas y ladinos fuesen representantes de la nacionalidad guatemalteca. Y, en su defecto, que el nacionalismo “chapín” tomase la dirección del mestizaje propuesta por México e impulsada en otros países centroamericanos como Nicaragua y El Salvador. En esa dirección, las investigaciones de Greg Grandin, Isabel Rodas y Edgar Esquit, Lina Barrios, Sergio Tischler, Todd Little y Richard N. Adams han demostrado cuánto y cómo el Estado liberal favoreció el incremento del poder local ladino por medio, entre otros mecanismos, de la proliferación de alcaldías mixtas después de la Independencia, la promoción de alcaldes primeros ladinos a lo largo del siglo XIX y la creación de la figura administrativa de los intendentes en 1934, etc. El uso de la tierra municipal fue uno de los puntos de disputa y, por lo tanto, el manejo de las comisiones de ejidos, caminos, trabajo, bosques, etc. Desde 1871 hasta 1944, los jefes políticos y comandantes locales representaron en los departamentos al poder central, basados en el uso de la fuerza militar y en la asignación de la mano de obra indígena para las cosechas de café y el mantenimiento de la infraestructura vial.
Asimismo, las investigaciones de Adams y de CIRMA demuestran que solamente hasta finales del siglo XIX se dio inicio al reclutamiento de soldados indígenas, en un Ejército hasta entonces compuesto esencialmente por ladinos, producto de la política colonial de milicias, la realidad social de las guerras civiles decimonónicas y la voluntad política de la Revolución liberal de 1871 de construir una “república de ladinos”. Y durante la crisis económica de 1929, los límites estructurales de la economía agroexportadora basada en el monocultivo del café quedó, en evidencia. El Estado actuó para superarla buscando, por una parte, renovar las formas de alianza con las comunidades indígenas por medio de una serie de medidas a favor de la liberación del sistema forzado de trabajo desde lo privado (abolición de trabajo por deudas, libreto de jornalero, etc.), aunque manteniéndolo desde lo público (ley contra la vagancia) y, por la otra, profundizando el control del poder político ladino a nivel local (nominación de intendentes).
Luego, cuando los sectores medios urbanos, impulsores de la Revolución de Octubre de 1944, se plantearon la caída del régimen liberal, las tensiones étnicas aparecieron bruscamente, mostrando la fragilidad de un proyecto nacional construido en torno a la segregación solapada de los indígenas. La investigación de CIRMA muestra, asimismo, cómo los debates de la Constituyente de 1945 -al igual que los de las de 1956, 1965 y 1985-, reflejan cómo ha actuado la dinámica de las relaciones interétnicas desde el Estado, marcada por una falta de autonomía frente a los intereses de clase de los sectores dominantes y por el peso ideológico alcanzado por la “bipolaridad” ladino-indígena. Así, los ladinos fueron vistos como impulsadores de una modernidad democrática -civilizadora- y los indígenas defensores de un poder central autoritario -oscurantista-.
Los gobiernos surgidos de la Revolución de Octubre lanzaron una política estatal basada en una concepción propia del indigenismo -por medio del Instituto Indigenista Nacional-, la cual reforzaba la línea segregadora del Estado con base en el mantenimiento de los espacios diferenciados entre ladinos e indígenas. En ese sentido, la política indigenista guatemalteca se separó de la experiencia mexicana por el peso del pasado histórico que se viene relatando. Así, reforzó aún más la idea de que lo guatemalteco era lo ladino y viceversa. Las bases estaban sentadas para que, luego, con la contrarrevolución de 1954, el Estado guatemalteco impulsase la política de ladinización desde el Seminario de Integración Social Guatemalteca, dejando claro que -en medio de la “guerra fría”- éste necesitaba continuar diferenciando a los grupos étnicos por necesidad de debilitar a los opositores y de poner un alto a la contaminación política comunista de las comunidades indígenas, a las que la Revolución de 1944 había trastornado innecesariamente con la apertura del sistema de partidos, la reforma agraria, la autonomía municipal, etc. De esa forma, la nueva línea en el manejo de las relaciones interétnicas desde el Estado guatemalteco, que pasó a denominarse integración social, planteó la política de integrar a los indígenas a la modernidad, al desarrollo económico y al Estado nacional ladino, pero haciéndolo de forma paulatina y aplicando políticas que de hecho lo mantenían separado del sector no-indígena.
El fracaso de la ladinización
El proyecto de nación en Guatemala, contrariamente a los de El Salvador, Honduras y Nicaragua, y también de su vecino del norte México, no se orientó hacia hacer del mestizaje su ideología. El peso de la segregación como política de Estado hubo de ser definitorio. Sin embargo, hay una polémica en cuanto que si el mismo, que se define como ladino y, por tanto, excluyente del indígena, conlleva una carga ideológica surgida del triunfo político de los ladinos o si más bien es una imposición de la vieja elite criolla y de los grupos económicos surgidos a finales de siglo de la emigración europea y norteamericana. Fue Steven Palmer quien inició el camino sobre este aspecto, señalando que, desde la Revolución de 1871, el contenido del proyecto de nación guatemalteco era progresista y mestizo, producto del pensamiento político liberal guatemalteco, influido por el paradigma mexicano. Sin embargo, Palmer concluye que, mientras en Costa Rica los intelectuales ligados a la construcción del Estado-nación adoptaron los supuestos del darvinismo social y la eugenesia, los guatemaltecos rechazaron la legitimidad de la eugenesia ortodoxa y le apostaron a la asimilación biológica y cultural. En el plano de las diversas políticas de eugenesia impulsadas por el Estado guatemalteco desde el siglo XIX y toda la problemática del blanqueamiento entre los sectores dominantes del país, la investigación de Marta Casáus expuso por primera vez cómo el grupo criollo guatemalteco ha sobrevivido con una identidad étnica propia a la política homogeneizadora de la ladinización planteada por desde el Estado a partir de 1871. Es más, llega a la conclusión de que la oligarquía guatemalteca está formada por familias de origen criollo y alemán, las que sólo tangencialmente se mezclan con los ladinos. Por ello, afirma, el blanco es aún más racista en su ideología. De hecho, considera que el racismo ha servido para desestabilizar a las clases subalternas, abriendo y profundizando el divorcio entre los indígenas y los ladinos o mestizos. Por su parte, en sus más recientes investigaciones, Jean Piel y la misma Casáus, concluyen, el primero, que si bien hubo promoción de ciertos sectores de la elite ladina hacia el estado central, ésta no llegó a eliminar definitivamente la hegemonía criolla en el mismo y tampoco su legitimidad cultural dominante, expresada en el deseo de blanqueamiento; la segunda, que la razón por la que el Estado guatemalteco no pudo imaginar un Estado-nación homogéneo basado en el mestizaje es porque necesitaba del blanqueamiento, blanqueando al ladino por medio de la creación de una nación a imagen y semejanza de la elite criolla, con algunas incorporaciones ladinas. A diferencia de lo argumentado primigeniamente por Palmer, el proyecto de blanqueamiento de los liberales guatemaltecos buscaba más bien blanquear al grupo no-indígena -especialmente a su componente mestizo-, como una forma de darle coherencia a la transformación de la categoría ladino en la de no-indígena. Es decir, el proyecto ladino no fue entendido a partir de la noción racial y aún cultural del mestizaje, sino de la antítesis cultural y social de lo propiamente indígena. De esa forma, con la Reforma liberal el blanco -criollo o extranjero- pasó a asumirse como ladino en su comportamiento público, aunque en el privado hiciese valer su rechazo de ello. Los intereses cafetaleros y el triunfo liberal determinaban la predominancia de esa realidad ideológica y, por tanto, la de la línea segregacionista hacia el indígena, que dominó la política del Estado guatemalteco en materia de relaciones interétnicas hasta los Acuerdos de Paz de 1996.
La investigación de CIRMA ha llegado a conclusiones complementarias, evidenciando como los proyectos eugenésicos que el Estado guatemalteco impulsó en el siglo XIX y las primeras décadas del XX, sin bien plantearon el blanqueamiento de la población indígena con el propósito de “civilizarla”, estuvieron sobre todo destinados a blanquear a los ladinos y también a los criollos. De ahí, la estrategia de alianzas matrimoniales y económicas con los emigrantes extranjeros que ha predominado en la elite guatemalteca. Empero, en los discursos privados, la blancura es presentada de diferente forma por los blancos europeos y norteamericanos, que por los criollos o por los mestizos. Es decir, que las referencias lo blanco y a lo occidental son diversas y relativas en sus contenidos según sea el sector de los no-indígenas que lo evoca. Con lo cual queda evidente que persisten las nociones raciales en esta nueva definición. Sin embargo, la investigación de Ramón González Ponciano introduce un matiz que mantiene abierto el debate. Él considera que la ideología del blanqueamiento de la sociedad guatemalteca ha provocado en el seno de los ladinos mestizos una inferiorización, donde la pigmentocracia juega un papel muy importante. Por una parte, los ladinos con poder económico y político han inferiorizado a los ladinos pobres, apoyándose en prejuicios de clase y culturales (semejantes a los utilizados en contra la población indígena) y, por la otra, que ese factor fue alimentado por los blancos nacionales y los extranjeros euro norteamericanos, predominantes en el sector agroexportador guatemalteco.
Por ello, la elite guatemalteca en su conjunto no ha tenido interés en crear un espacio de unidad política nacional al cual pudieran adherirse no solamente los indígenas, sino también los ladinos pobres. A su vez, José Alejos plantea que el uso del término ladino ha sido una estrategia de la clase dominante criolla y extranjera para nombrar a la gente no-india en general. Por un lado, ésta oculta la connotación étnica de las relaciones interétnicas en Guatemala con el objeto de adoptar una impostura nacional y, por la otra, niega la etnicidad propia de los ladinos basada en su mestizaje. En su tesis doctoral, Santiago Bastos concluye que, si bien la línea simbólica que divide a la sociedad guatemalteca en indígenas y ladinos, y los contenidos ideológicos asociados a ella han ido evolucionando desde los cambios que se producirían en el país a partir de 1944, no por ello desaparecieron, de tal forma que tal línea está presente y permea la vivencia cotidiana de los guatemaltecos. Así, el discurso étnico —oficial y privado- mantiene la dualidad de adscripciones y estereotipos, aunque éstos ya no correspondan con la realidad sociocultural de Guatemala de hoy.
En primer lugar por la diversidad intrínseca de los no-indígenas y, en segundo, por las consecuencias de la vida comunitaria en la concepción de las relaciones sociales entre los indígenas.Finalmente, hay que decir que, aunque las preguntas más sutiles en torno al mestizaje en Guatemala hoy expresan la inseguridad con que manejamos el tema, ellas nos plantean la duda de sí el fondo del proyecto de nación en Guatemala, convulsionado de raíz por el conflicto armado interno y la emergencia del Movimiento Maya, ha sido un proyecto ladino o mestizo o un proyecto blanco, que usa lo ladino como una impostura. A su vez, esta duda nos exige, ya no sólo seguir respondiendo la pregunta de ¿quiénes son y qué representan los ladinos?, sino también poder responder claramente a la pregunta de ¿quiénes son y qué representan los blancos en Guatemala? Sólo así sabremos si el proyecto de nación guatemalteco es criollo, como lo afirmaba Severo Martínez Peláez. Más trabajos empíricos son necesarios para la aprehensión total de este fenómeno histórico y político. Pero, como lo señalan las conclusiones del proyecto de CIRMA, lo que sí parece claro es que, detrás del proyecto nacional en Guatemala, subyace un proyecto económico y político que se ha beneficiado del mantenimiento y recreación desde el Estado de las diferencias étnicas. Esto explica que el Estado y la clase política no hayan tenido la voluntad de construir una nación homogénea y que la construcción del ser guatemalteco la haya planteado de forma excluyente, lo cual se traduce actualmente en la dificultad para asumir oficialmente la línea de acción intercultural acordada en los Acuerdos de Paz de 1996.
  1. Patricia Salguero
    15 diciembre, 2012 en 11:11 am

    me gusta mucho, los temas que encontré en éste son muy interesantes, los felicito, sigan adelante, que Dios les bendiga.

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  2. Bety
    7 junio, 2008 en 1:51 pm

    La vdd muy completo pero no fue lo que yo esperaba necesitaba informacion pero un poquittittto mas a fondo y hasta la fecha como a estado en sus proyectos.

    Pero en todo esta muy bien solo falto lo que tenia pensado para mi investigacion.

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  3. 13 mayo, 2008 en 11:23 pm

    en verdad esta interesante pero seria mejor si publicaran cuales son las diferencias entre ladinos e indìgenas al igual que las semejanzas y curiosidades.
    por su antencion gracias … besos

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  4. 1 mayo, 2008 en 11:58 pm

    esta muy bonito pero me tengo que ir adios

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