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Una visión de la tarea teológica

Este es un documento muy interesante escrito por: Juan Stam

Para enfocar bien el quehacer teológico, es importante recordar que la teología cristiana tuvo un origen misionero.  Podemos decir que el esfuerzo de coordinar coherentemente las verdades de la fe nació del anhelo de evangelizar al no-creyente. Ningún libro del Nuevo Testamento es un libro “teológico” (ninguno se parece a un texto de teología sistemática), pero todos tenían carácter kerigmático, misionero, evangelizador y pastoral.  En ese sentido, la “teología práctica” antecedió a la “teología sistemática”.  En los evangelios, no encontramos “teología” como tal, ni aun biografías de Jesús, sino, como indica el nombre, proclamación de las buenas nuevas; en efecto,  esos cuatro libros son esencialmente mensajes evangelísticos. 

El libro de los Hechos es una historia misionera de la iglesia primitiva.  Las epístolas son mensajes pastorales dentro de un gran movimiento de evangelización y expansión misionera.[1] El Apocalipsis es una larga carta pastoral para las iglesias de Asia Menor, una especie de “manual  para  mártires”.  También está lejos de ser un tratado de escatología sistemática.

Los padres apostólicos mantenían el esquema básico y el marco de referencia del Nuevo Testamento; ellos tampoco escribían como teólogos sistemáticos. Clemente de Roma envía una carta pastoral a la iglesia de Corinto.  Otros escritos son bellas exposiciones de la fe (Diogneto; Epístola a Bernabé).  Didajé es un documento de orden eclesiástico,  y San Ignacio describe y defiende el sistema de gobierno de la iglesia de Antioquía.  Pero ninguno de los escritores de esta primera generación post-apostólica intentó elaborar un sistema teológico.  Se puede decir que Justino Mártir preparó el camino para la teología como proyecto de sistematización.  Este apologista desarrolló muchos aspectos del pensamiento cristiano con las categorías, el lenguaje y los  esquemas mentales del neoplatonismo. Pero la intención de Justino fue la de dar testimono al mundo intelectual de su época, como demuestran los mismos títulos de sus escritos (Apología I, Apología II, Diálogo con Trifón). Justino escogió la filosofía como su marco de referencia, para testimoniar su fe a sus colegas filósofos.  En eso, seguro sin darse cuenta, Justino hizo una opción de clase.  Había también en la época importantes religiones populares, especialmente las religiones mistéricas.  Pero el mundo de los pobres quedó fuera de la visión misionera de los antiguos apologistas.[2]

La teología sistemática se articuló en su forma definitiva en Alejandría a principios del siglo III.  Nació brillante, con Panteno, Clemente y Orígenes.  Y nació misionera también.  Eusebio cuenta que Panteno, el fundador de la Escuela Catequística de Alejandría, dejó su “cátedra” y su puesto de “director de facultad” para ir de misionero a la India.  Y detrás de todo el esfuerzo intelectual de ellos estaba el afán de contextualizar el evangelio para el mundo que ellos conocían, dentro de la secular cultura de Alejandría.

Para ese testimonio, los padres alejandrinos escogieron como su instrumento básico la filosofía, sobre todo la neoplatónica. Eso introdujo una nueva prioridad en la tarea teológica: el Sistema (así con mayúscula). A partir del presupuesto del idealismo racionalista, que la verdad es una, universal, abstracta, eterna y accesible por los procesos de la racionalidad especulativa, la teología emprendió el proyecto de convertir la fe en un Gran Sistema omnisapiente digno de compararse con los diversos sistemas filosóficos; poco a poco, la pistis se iba reduciendo a gnôsis. Con esa dominante pasión por la sistematización racionalista, la teología se volvió elitista y pronto perdió casi por completo su relación con la misión de la iglesia.[3]

Este predominio filosófico en la teología como una nova philosophia se impuso sobre el quehacer teológico durante muchos siglos.  Sólo cuando los grandes “maestros de la sospecha” del siglo XIX (Kierkegaard, Marx, Freud, Darwin, Nietzsche) cuestionaron radicalmente el legado del idealismo racionalista en la historia del pensamiento occidental, algunos teólogos también comenzaron a plantear nuevas perspectivas.  Frente al anterior monopolio de la filosofía como único instrumental del teologizar, exploraron las posibilidades de la sociología, la sicología y otras ciencias como instrumental alternativo para el teologizar.[4] En lugar del Gran Sistema como meta y razón de ser de la teología, propusieron la praxis y la misión de la iglesia en el mundo y en la historia.    Ya es hora de redescubrir esa vital orientación misionera con la que nació la teología.

El documento completo lo puedes descargar aquí


[1] ) Ni Romanos, quizá la carta paulina de mayor contenido teológico, pertenece al género “teología sistemática”.  Es una epístola misionera,  como muestran los capítulos 9-11, que lejos de ser un “paréntesis” son el nucleo central del argumento de la epístola.

[2] ) Algunos podrán responder que las religiones mistéricas eran heréticas y anticristianas, pero, ¿lo era menos el idealismo platónico?  Además, en ambos casos, tanto la filosofía de los privilegiados como la religión de los pobres no debía ser más que un instrumental y  un referente dialógico, que no debía de haber emplazado al evangelio y el kerygma como marco de referencia fundamental para la teología. Lo mismo se aplica hoy a la sociología y las ciencias históricas y políticas como instrumental para la teología.

[3] ) Estos argumentos no deben entenderse como un menosprecio del estudio serio de la teología sistemática, y aun de la fiosofía, disciplinas importantes que los teólogos deben dominar.  Más bien, son un cuestionamiento  del divorcio de tal estudio de la misión y de la praxis histórica. Pistis y gnôsispraxis. deben encarnarse en

[4] ) Es importante el cambio de términología, del sustantivo abstracto “la teología” al verbo activo “teologizar” como “quehacer teológico”.  Ahora no se trata de transmitir “sistemas” ya hechos, sino de reflexionar siempre de nuevo sobre el significado de la fe ante las realidades históricas siempre cambiantes.  A Kant se le atribuye la frase, “yo no enseño filosofía; enseño a filosofar”, después de haberse despertado del “sueño dogmático”.

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  1. YADISSA
    12 febrero, 2010 en 8:49 pm

    ESPERO QUE CONTINUEN ENRIQUECIENDO AL PUEBLO DEL CONOCIMIENTO DE DIOS ATRAVES DE ESTE BLOG .. QUE DIOS LES BENDIGA

    Me gusta

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