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La Geniza De El Cairo

18 febrero, 2008

Tras experimentar un indudable declive en los primeros siglos de la era cristiana, las comunidades judías recibieron la conquista islámica (639-641 EC) con cierto entusiasmo. Entre dichas comunidades se hallaba la situada en la orilla del Nilo, a la cabeza del Delta. Allí fue donde los musulmanes fundaron su primera ciudad en Egipto, en el año 643, que fue asimismo su capital, debido a su importancia estratégica. Se llamó  Fustat-MIsr y se constituyo en el centro económico y político de Egipto a o largo de más de 300 años, con un momento de máximo esplendor en el período fatimí (969-1171 EC). Pese a ello, fue finalmente sustituida por un antiguo suburbio a unas dos millas al noreste a Saber, Al-Qahira (El Cairo).

Hace mil años, la comunidad de Fustat-Misr (El Cairo Antiguo) fue uno de los centros más importantes del judaísmo. Mantenía estrechos contactos con las otras comunidades de Babilonia, Palestina, África del Norte y España, todas ellas parte del Imperio islámico. Era conocida por su estabilidad política y social, así como por sus logros económicos y culturales. Su líder en el siglo XII fue el destacado filósofo y teólogo Moses Maimónides. A Fustat acudieron inmigrantes judíos de Babilonia y Palestina, que establecieron allí sus propias sinagogas. Además de estas congregaciones iraquíes y palestinas, existía una importante comunidad caraita, con sus propias sinagogas y comprometida con su interpretación del judaísmo, basada en su especial atención al texto bíblico.

        Durante el período de relativa tolerancia y prosperidad que se produjo bajo el gobierno de los califas fatimíes, la comunidad judía palestina mandó construir una sinagoga nueva a mediados del siglo X, con el fin de que pudiese albergar a una comunidad en continuo crecimiento. Los documentos de la Geniza se refieren a dicha sinagoga como Kanisat Al-Yerusalmiyin o Kanisat as-Samiyin, en alusión a los inmigrantes judíos de Palestina/Siria, mientras que a partir del siglo XV fue conocida como Kamisat “Eeliyohu, en referencia al profeta bíblico. A comienzos del siglo XX, fue denominada sinagoga de Ben Ezra, en referencia al escriba Ezra. Esta sinagoga de Ben Ezra conservó en una de sus habitaciones una colección de manuscritos datados entre los siglos X y XIX, que estaba destinada a quedar inmortalizada con el nombre de Geniza de El Cairo.

        La palabra Geniza se deriva de la raíz original hebrea que significa “esconder, cubrir, enterrar, almacenar“, cuyo significado evolucionó hacia el sentido más técnico de “retirar de circulación un objeto que en alguna ocasión se ha considerado sagrado, pero que en ese momento resulta inadecuado para el uso ritual”. En el lenguaje original (en español retirar) se convirtió, finalmente en un término técnico que designaba una habitación que servía como depósito de las copias que contenían versículos de la Biblia dañadas o deterioradas, así como otros textos hebreos que contenían versículos de la Biblia o referencias a Dios, siguiendo la práctica judía, no eran descartados. Afortunadamente para nosotros, estos manuscritos que se almacenaron en la Geniza de El Cairo no fueron retirados a cuevas o enterrados en tumbas, como ocurrió en otros casos, sino que permanecieron en el mismo lugar a lo largo de siglos, preservados de la destrucción por el clima excepcionalmente seco de Egipto. A esto hay que añadir que la comunidad palestina rabanita de Tustat, depositó no sólo obras de contenido sacro, como la Biblia, el Talmud u obras litúrgicas, sino también literatura de tipo sectario como, por ejemplo, el material de los círculos caraitas, además de los palimpsestos, responsa, poesía y documentos de todo tipo. Se puede decir, en realidad, que prácticamente todo aquello que estuviese escrito en alfabeto hebreo, ya fuese en pergamino o en papel, impreso o manuscrito, temprano o tardío, investigación académica o ejercicios de lectura escolares-todo era confinado en la geniza.

        La existencia de la Geniza de El Cairo era conocida desde antiguo en ciertos círculos académicos, pero tan solo en el siglo XIX intelectuales y tratantes de antigüedades consiguieron persuadir a los encargados de la sinagoga para que permitiesen la extracción de ciertos materiales. Fue por esta época cuando fragmentos de la Geniza empezaron a aparecer en diversos lugares como San Petersburgo, Jerusalén, Londres, Oxford y Filadelfia. La biblioteca de la Universidad de Cambridge también adquirió sus primeros fragmentos en esta época, concretamente en 1,891.

A pesar de toda esta actividad, sin embargo no se conocía aún el vínculo existente entre las diversas colecciones de fragmentos ni tampoco se estaba realizando ningún estudio exhaustivo por parte de los investigadores implicados en esta fase temprana. Parece ser asimismo que a nadie se le había ocurrido la idea de identificar la Geniza de El Cairo como la fuente de la que procedían todos estos manuscritos. Fue Salomón Schechter (1,847-1,915)-rumano de nacimiento, se había formado en la tradición de Jüdische Wissenschaft en Viena y Berlín y se convirtió en profesor titular de estudios talmúdicos en la Universidad de Cambridge en 1890, y catedrático de estudios rabinitos en 1892- quien tuvo la intuición de que todo el material procedía de una misma fuente común. Su entusiasmo en emprender una expedición a El Cairo, se vio alimentada cuando le pidieron que identificara unos folios que habían pertenecido a una versión hebrea del libro apócrifo de Ben Sira (Eclesiástico) que hasta la fecha se consideraba perdida, pese a haberse conservado en las versiones griega (Septuaginta) y siríaca. Varias figuras relevantes de la vida académica de Cambridge le animaron en esta empresa, de manera especial al Dr. Charles Taylor, presidente de St. John´s Collage. Schechter llegó al Cairo Antiguo a finales de 1896 y en 1897 trajo a la Biblioteca de la Universidad de Cambridge 140,000 fragmentos aproximadamente, provenientes de la Geniza de la sinagoga de Ben Ezra.

        Los fragmentos de la Geniza son de una significación inestimable para la historia judía, habiéndonos proporcionado información detallada de las actividades sociales, económicas y religiosas, especialmente del área mediterránea, de la época geónica, comprendida entre los siglos VII y XI, que habían permanecido en la oscuridad hasta la fecha.

        Este no es el momento de describir en detalle la colección Taylor-Schechter de la Biblioteca de la Universidad de Cambridge, una de las colecciones de Hebraica más importantes del mundo. A modo de sumario, podemos decir que incluye una enorme cantidad y variedad de fragmentos pertenecientes a la Biblia, Tárgum, Talmud, Midras, Derecho y Liturgia, que reflejan diversos períodos del pensamiento y tradición judaicas. Entre los muchos libros que se consideraban perdidos y que se han recuperado total o parcialmente, se encuentra el anteriormente mencionado Libro de Ben Sira, en la versión hebrea original, en una copia realizada en el siglo X (originalmente compuesto en el siglo II a EC). Casi cuarenta años antes del descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto en Qumran en 1947, Schechter publicó sus Fragmentos of a Zadokite Wark (Cambridge 1910), que ya creó sensación en aquella época. Este documento Zadoqueo es idéntico al Documento de Damasco de Qumrän.

La colección incluye asimismo una cantidad considerable de literatura referente a los asuntos de la vida diaria, correspondencia de negocios, documentos legales, ejemplos de religiosidad popular y prácticas esotéricas, diagnósticos médicos y recetas, anotaciones musicales, contratos matrimoniales (Ketubbot), facturas de divorcio (gittim), órdenes de pago (cheques), libros escolares y cartas privadas. Documentos aislados han proporcionado testimonios directos de la conquista cruzada de Tierra Santa o confirmado la conversión de los jázaros en el siglo VIII. Se hallan igualmente algunos de los textos más antiguos que se conocen en Yiddish.

        El descubrimiento de fragmentos de la Biblia y el Tárgum con sistemas de vocalización supra y subliniares que difieren del sistema estandarizado, nos han hecho darnos cuenta de la variedad de sistemas que estuvieron en boga en cierta época, ayudándonos igualmente a evaluar con mas precisión el trabajo de los masoretas.

El examen minucioso de algunos palimpsestos ha llevado a identificar textos originales en griego y siríaco, que se encuentran debajo del texto hebreo. En lo referente a la liturgia, se han podido reconstruir ritos babilónicos y usos sinagogales, así como completar el conocimiento existente sobre poesía litúrgica de época temprana, fechada en el siglo VII. Se han publicado también volúmenes completos de poesía hebrea compuesta en época medieval en España y en Provenza.

        Cuando la lengua árabe penetró en los centros de estudio judaico, se origino una necesidad creciente de traducir la Biblia hebrea al árabe. Dos sectores principales de la sociedad judía sentían esta necesidad de manera especial. De un lado, grupos de población que acudían a las escuelas y sinagogas con el propósito de comprender el texto bíblico en la misma lengua en la que hablaban diariamente. De otro, una élite académica e intelectual que conocía a fondo la filosofía y literatura árabes y que sentía la necesidad de disponer de una traducción de la Biblia que pudiesen utilizar para tratar de cuestiones teológicas.

En la colección Taylor – Schechter se han hallado unos 1,300 fragmentos que contienen traducciones de la Biblia de distinto tipo y representan 2/3 partes del material de traducción que se encuentra en esta colección. La mayoría de los manuscritos, que se encuentran especialmente en esta colección  datan de los Siglos X y XIII, es decir, el período clásico de la Geniza.

        Todos los libros de la Biblia están representados en el corpus de traducciones, aunque, como cabría esperar, si contamos la frecuencia con la que aparecen, es el Pentateuco y otros libros utilizados en el servicio sinagogal, los que cuentan con una representación mas abundantemente, seguidos por otros libros populares como Proverbios o Daniel. Las traducciones de los primeros profetas (Jueces, Samuel y Reyes), Ezra, Nehemías y Crónicas son, sin embargo, muy escasas.

Realizando un resumen sobre los documentos de la Geniza podemos decir:

        Los 14,000 fragmentos de la Geniza que Salomón Schechter trajo a la Biblioteca de la Universidad de Cambridge en 1897 son de importancia inestimable para el estudio de la historia de las comunidades judías en el área del Mediterráneo en general y para el estudio de los textos judío-árabe, 1,300 contienen traducciones y comentarios de la Biblia.

Para finalizar, aún quedan numerosos manuscritos y fragmentos de la Serie Nueva en los que se podría hallar material adicional que todavía es un misterio por ser guardado con mucho celo en la sinagoga de la Geniza.

Bibliografía:

Friedrich Niessen

Revista de Ciencias de las Religiones 2,004 pp 47-74

María Angeles Gallego Traducción Inglés al Español  (La Geniza de El Cairo 2,004)

Shunary, Jonathan Saadia Exegetical Methods as Represented in his Arabic translation of the Psalms, Doctoral Disseration Hebrew University of Jerusalem, Jerusalem 1970.

Toledano, Baruk R.  Yerusalmi, in Sinai 42 (1958), pp 339-355.

Tobi, Yosef  Pentateuch, in Masorot 7 (1993) pp 481-501

Colección Taylor Schechter  La Geniza de El Cairo

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