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¿Cómo debe ver la política un Cristiano?

4 diciembre, 2013

Si hay algo que encienda la chispa para un debate espontáneo, o una discusión abierta, es una discusión sobre política – aún entre creyentes.  Como seguidores de Cristo, ¿cuál debe ser nuestra actitud y nuestra participación en la política?  Se ha dicho que “la religión y la política no se mezclan.”  Pero ¿es realmente cierto?  ¿Podemos tener opiniones políticas fuera de las consideraciones de nuestra fe cristiana?  La respuesta es no, no podemos.  La Biblia nos da dos verdades en cuanto a nuestra actitud hacia la política y el gobierno.

La primera verdad, es que la voluntad de Dios impregna y reemplaza cada aspecto de nuestra vida.  La voluntad de Dios es lo que tiene prioridad sobre todo y todos (Mateo 6:33).  Los planes y propósitos de Dios están prefijados, y Su voluntad es inviolable.  Lo que Él se ha propuesto, lo llevará a cabo, y ningún gobierno puede frustrar Su voluntad (Daniel 4:34-35).  De hecho, es Dios quien “quita reyes y pone reyes” (Daniel 2:21), porque “el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y a quien él quiere lo da.” (Daniel 4:17).  Una clara comprensión de esta verdad, nos ayudará a ver que la política es meramente un método que Dios usa para llevar a cabo Su voluntad.  Aunque hombres perversos abusen de su poder político, utilizándolo para el mal, Dios lo usa para bien, “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Romanos 8:28).

En segundo lugar, debemos estar conscientes del hecho de que nuestro gobierno no puede salvarnos.  ¡Solo Dios lo puede hacer!  Nunca leemos en el Nuevo Testamento, que Jesús, o cualquiera de los apóstoles invirtiera ni tiempo ni energía enseñando a los creyentes cómo reformar al mundo pagano de su idolatría, inmoralidad y prácticas corruptas por medio del gobierno.  Los apóstoles jamás instaron a los creyentes a demostrar desobediencia civil para protestar contra las injustas leyes o los regímenes brutales del Imperio Romano.  En cambio, los apóstoles les ordenaron a los cristianos del primer siglo, así como a nosotros hoy, proclamar el Evangelio y vivir vidas que den una clara evidencia del poder transformador del Evangelio.

No hay duda de que nuestra responsabilidad para con el gobierno es obedecer las leyes y ser buenos ciudadanos (Romanos 13:1-2).  Dios ha establecido toda autoridad, y Él lo hace para nuestro beneficio, “para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien.” (1 Pedro 2:13-15).  Pablo nos dice en Romanos 13:1-8 que la responsabilidad del gobierno, es gobernar con autoridad sobre nosotros – esperamos que para nuestro bien – para recaudar los impuestos y guardar la paz.  Donde tenemos voz y podemos elegir a nuestros líderes, debemos ejercer ese derecho por medio de la votación por aquellos cuyas perspectivas se asemejen más a las nuestras.  Sea que nuestra religión permite a cristianos votar para gobernantes infieles es una pregunta que merece más consideración que parece con todo haber recibido generalmente del clero o de la laicidad.  Me parece a mí que lo que el profeta dijo a Josafat en cuanto a su unión con Acab nos proporciona una lección saludable.  “¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehová? Pues ha salido de la presencia de Jehová ira contra ti por esto.”  United States Founding Father, John Jay, “The Correspondence and Public Papers of John Jay, 1794-1826″, Henry P. Johnson, editor, (New York: G.P. Putnam’s Sons, 1893), Vol. IV, p. 365

Uno de los grandes engaños de Satanás, es que pongamos nuestra confianza para la moralidad cultural y vida piadosa, en las manos de políticos y funcionarios gubernamentales.  La esperanza nacional de un cambio, no se encuentra en la clase dominante de ningún país.  La iglesia ha cometido un error si piensa que es trabajo de los políticos el defender, difundir y guardar las verdades bíblicas y los valores cristianos.

El objetivo de la iglesia, de acuerdo al propósito de Dios, no se encuentra en el activismo político.  En ninguna parte de la Escritura se nos ordena invertir nuestra energía, nuestro tiempo, o nuestro dinero en los asuntos gubernamentales.  Nuestra misión radica, no en cambiar a la nación a través de reformas políticas, sino en cambiar los corazones a través de la Palabra de Dios.  Cuando los creyentes piensan que el crecimiento y la influencia de Cristo puede de alguna manera ser aliada de la política gubernamental, corrompen la misión de la iglesia.  Nuestro mandato cristiano, es propagar el Evangelio de Jesucristo y predicar en contra del pecado de nuestra era.  Solo cuando los corazones de los individuos en una cultura sean cambiados por Cristo, esa cultura comenzará a reflejar el cambio.

Los creyentes a través de los siglos, han vivido, y aún florecido, bajo gobiernos antagonistas, represivos y paganos.  Esto era especialmente cierto con los creyentes de los primeros siglos, quienes bajo despiadados regímenes políticos, mantenían su fe bajo una enorme tensión cultural.  Ellos entendían que eran ellos, y no sus gobiernos, quienes eran la luz del mundo y la sal de la tierra.  Ellos se adherían a la enseñanza de Pablo de obedecer a sus autoridades gubernamentales, y aún honrarlos, respetarlos y orar por ellos (Romanos 13:1-8).  Aún más importante, es que ellos entendían que como creyentes, su esperanza residía en la protección que solo Dios provee.  La misma verdad se aplica a nosotros en la actualidad.  Cuando seguimos las enseñanzas de las Escrituras, nos volvemos la luz del mundo, como Dios nos diseñó para llegar a ser (Mateo 5:16).

El Señor dijo que los creyentes han de ser la sal de la tierra y la luz del mundo en (Mateo 5:13 y 14).  En los tiempos bíblicos nunca hubo elecciones para gobernantes de parte del pueblo.  La elección de oficiales es un fenómeno moderno.  El ciudadano cristiano en particular, si siente la dirección del Señor después de oración y apoyo de amigos cristianos debe postularse para la candidatura de algún puesto público.  Y si el Señor le da el puesto, “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo para la gloria de Dios.” (Colosenses 3:17).  Uno de los padres fundadores de los estados unidos americanos, John Jay, dijo, “Providencia ha dado a nuestro pueblo el escoger sus gobernantes, y es el deber – así como el privilegio e importancia – de nuestra nación cristiana escoger y preferir a los cristianos como sus gobernantes.”  United States Founding Father, John Jay, “The Correspondence and Public Papers of John Jay, 1794-1826″, Henry P. Johnson, editor, (Reprinted NY: Burt Franklin, 1970), Vol. IV, p. 393, October 12, 1816

Las entidades políticas no son la salvación del mundo.  La salvación de toda la humanidad ha sido manifestada en Jesucristo.  Dios sabía que nuestro mundo necesitaba ser salvado, aún mucho antes que cualquier gobierno nacionalista se hubiera formado.  Él le demostró al mundo que la redención no podía ser lograda a través del poder del hombre, su poder económico, su poderío militar o su política.  La paz mental, la alegría, la esperanza y el gozo – y la salvación de la humanidad – se logra solo a través de Su obra de fe, amor y gracia.

Artículo escrito por: GotQuestions.org

 

6 comentarios
  1. CESAR MIGUEL GAYOSO RODRIGUEZ permalink
    8 diciembre, 2013 6:44 pm

    SIEMPRE LA POLÍTICA DEL SISTEMA DEL MUNDO NO HA IDO DE LA MANO DE LA RELIGIÓN CRISTIANA, EL MUNDO CRISTIANO DEPENDE DE DIOS, QUE ES EL QUE TIENE TODAS LAS RESPUESTAS PARA QUE ESTE MUNDO SEA MAS LIBRE Y JUSTO PARA TODA LA HUMANIDAD. ASI QUE NO PODEMOS LOS CRISTIANOS DEPENDER DE LOS POLÍTICOS,SINO DE DIOS,..

    • 9 diciembre, 2013 3:50 am

      estoy de acuerdo con esto Cesar. Esa es la base en la que debería participar en la política un creyente si tiene ese llamado. Fijate en el ejemplo del profeta Daniel. Fue tremendamente influyente en tres imperios hasta tal punto que Dios le usó como testimonio para que al final Darío devolviera a la nación hebrea a su tierra. Y eso que no era un régimen democrático donde él se encontraba!

  2. 5 diciembre, 2013 12:55 pm

    Es el reto para muchos politicos actualmente….el mostrarse intachables y que el pueblo les tome la confianza y pueda creer y confiar en ellos….Saludos y un fuerte abrazo hasta el otro lado del continente….

  3. 4 diciembre, 2013 12:39 pm

    si lo que postula este escrito fuese asi nunca se habría abolido la esclavitud, lamento discrepar profundamente, dentro de la política un cristiano puede hacer mucho y si son muchos mucho mas se puede hacer. Eso no quita un ápice el seguir a Cristo de todo corazón. No comparto vuestra tesis en esto. Pero también aclaro que debe ser un llamado de Dios. ¿Qué haces si te conviertes estando ya en la política? ¿ La abandonas?

    • 5 diciembre, 2013 9:32 am

      Interesante comentario. En el contexto Latinoamericano…consideramos que la participación de protestantes en politica ha dejado mucho que desear….Los altos indices de corrupción hacer ver a nuestros politicos como oportunistas y sin las más minimas intenciones de interes por sus pueblos. Por último la pregunta “¿Qué haces si te conviertes estando ya en la política? ¿ La abandonas?” Consideramos que no se debe hacer, al contrario es una gran oportunidad para poder evangelizar y mostrar un cambio visible a quienes nos rodean…Por supuesto que no se debe abandonar…Se debe predicar el evangelio a todo nivel esto incluye a quienes estan en eminencia. El comentario nos parece interesante y digno de discusión el artículo publicado y el comentario el cual agradecemos….Saludos y esperamos más comentarios al respecto de nuestros lectores…

      • 5 diciembre, 2013 10:14 am

        entiendo ahora que hablabais del contexto Latino, aquí en España creo que se aplicaría igualmente pues los países con herencia catolica son más proclives a relativizar que las protestantes y la prueba la vemos mas en los países anglosajones donde creyentes han influido mucho en la política, a mayor abundamiento el ejemplo que di que es el más usado y reconocible. El mayor problema de la política es el tener que andar siempre pactando y eso hace más difícil ser integro pero hay que serlo y hay que hacerlo con la ayuda del Espiritu. Desde luego que el que se meta debe de ser en el contexto en el que habláis de una integridad intachable. Alli se marcaría la diferencia. Pero ¿el pueblo lo reconocería?

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