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El Dios que tiene cumpleaños

23 diciembre, 2015

Por: Juan Stam

Nuestra palabra “Navidad” comenzó como una pronunciación popular del latín Nativitas Dei, el nacimiento de Dios. Antiguamente también, en ciertas épocas de la Edad Media, una de las maneras de señalar las fechas era “en el año tal después del nacimiento de Dios”. Con esa terminología clásica, en estos días estaríamos terminando “el año 2005 después del nacimiento de Dios”.

Por eso, es muy significativa la palabra “Navidad”. Cuando la pronunciamos, en efecto estamos reconociendo que el que nació en Belén es Dios. Por eso también, aunque hoy nos pueda extrañar, la iglesia antigua insistía en que María era “Madre de Dios”, porque el niño que nació de su vientre era divino, era Dios el Hijo. Por supuesto, eso no significaba que María era madre de Dios Padre o de la trinidad como tal. Creer eso sería el colmo de la herejía.

Pero en todo eso, y en la Navidad misma, hay un problema muy difícil de explicar: si Dios es eterno e inmutable, y por eso no puede cambiar, ¿cómo pudo Dios nacer? ¿No significa eso necesariamente un cambio en Dios mismo? Ahí está el escándalo de la Navidad, al decir que Dios nació y tiene cumpleaños.

La filosofía en general, y también la mayor parte de la tradición teológica cristiana, han dado una importancia central a la inmutabilidad de Dios como esencial a su ser divino. Dios es Dios por los atributos divinos que tiene: es eterno, infinito, omnipotente, omnisciente, omnipresente e inmutable. Entonces, un Dios que cambiara no sería Dios. Sin embargo, bíblicamente la cosa no es tan sencilla. Cuando las escrituras dicen que Dios no cambia, no se refiere a un concepto abstracto y estático de un Dios que ni puede actuar ni sentir, sino a la fidelidad y constancia de Dios.

Dios es Señor de sus propios atributos. Es errado pensar que Dios es Dios porque es omnipresente o porque es omnipotente y demás atributos; al contrario, Dios es omnipresente y es omnipotente porque es Dios, pero en dado caso no deja de ser Dios si voluntariamente sacrifica ciertas prerrogativas de su deidad. Es obvio que Jesucristo en la tierra no era omnipresente (estaba en un solo lugar a la vez) ni era omnipotente (se cansaba), pero no por eso dejaba de ser Dios. Era el mismo Dios que siempre había sido, pero ahora en otra condición.

Ese mismo escándalo de la Navidad lo encontramos en el conocido texto de Juan 1:14: “y el Verbo fue hecho carne”, o sea, nació como todos los demás seres humanos de carne y hueso. Realmente sorprende y conmueve pensar en el eterno Hijo de Dios convertido en un feto prenatal y pasando sus nueve meses dentro del vientre de su madre. Y debemos recordar que en el Nuevo Testamento, el término “carne” no es lo más bonito; es más bien problemático porque implica nuestra debilidad ante la tentación del pecado. El Verbo no fue hecho solamente “cuerpo” o “persona” u “hombre”; el Verbo fue hecho “carne”, igual que nosotros.

El escándalo y el misterio de la Navidad está presente en el verbo “fue hecho”, un verbo de devenir y de cambio. El Dios de la filosofía y de la teología abstracta no debe “hacerse” nada. Es lo que es, eterno e inmutable, de modo que en Él no debe haber nada de devenir. Pero el nacimiento de Dios el Hijo introduce el cambio dentro de la misma trinidad. Dios el Hijo “fue hecho” lo que antes no había sido. Según otros pasajes, el Hijo de Dios “fue hecho” Siervo (Fil 2:6,7), pobre (2 Cor 8:9), pecado (2 Cor 5:21) y maldición (Gál 3:13). Al nacer, el Hijo no sólo aceptó el cambio, sino lo que es más, acepto cambiarse a lo que parecía ser todo lo contrario de su propio ser y de sus derechos divinos.

El “fue hecho” de Juan 1:14 se relaciona directamente con otro “hacerse” en el mismo pasaje. Según Juan 1:3 “todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Esa triple repetición del mismo verbo nos indica que el Verbo, como Dios que era (1:1), fue el Creador de todo el universo. Pero con el nuevo “hacerse” del versículo 14, el mismo Creador acepta hacerse parte de su propia creación, hacerse carne, hacerse feto y nacer como cualquier otro bebé.

Jesucristo, Dios el Hijo, nos amó tanto que quiso tener cumpleaños, igual que nosotros. Quiso “hacerse” hasta pecado para hacernos a nosotros “justicia de Dios en él” (2 Cor 5:21). Eso es el misterio y la maravilla de la Navidad. ¡A Él sea la gloria!

4 comentarios
  1. Angel permalink
    12 marzo, 2016 3:58 pm

    Te LLENASTE de letra y dejaste de lado todo lo espiritual, dame un texto biblico donde Jesucristo te pide a ti o a la humanidad, que le celebren cumpleaños… Tanto querer entender creo que te hiciste desentendido con tu propio entendimiento,
    1. Jesucristo nació de una mujer virgen porque aquella mujer no había tenido relaciones sexuales nunca.
    2. Jesucristo nació en un cuerpo natural no divino, ¿para que? Para que así como el vivió en un cuerpo natural y débil osea de carne y hueso factible al pecado y nunca pecó sino que demostró que se puede vivir sin pecar, así también nosotros vivamos en él sin pecar aun en este cuerpo natural , pero si alguno pecare léete 1juan 1;8-9 y 1Juan 2;1, .
    3. Divino fue en la transfiguración, y después de la resurrección. Recuerda que el ascendió en cuerpo humano natural. El nunca pecó.
    4. Una cosa es que él mismo mando que se hiciese y celebrare la cena que el mismo instituyó, recordando su muerte hasta el día de su próxima venida cuando nadie le vera, sino que en los cielos levantara a su pueblo y no hablo del pueblo de isrrael ni de los 144mil sino de su novia, la iglesia pura y santa sin mancha ni arruga solo aquellos que se preparan para aquel día se irán.
    5. Dios te bendiga e informante bien, la navidad no fue creada ni fundada por Dios ni por los Cristianos, es un paganismo una herejía una mentira todo es un negocio a nivel mundial por un lucro economico, y sino es así demuentrame con la biblia, donde dice que Jesucristo nació un 24 de diciembre a media noche… Si bien dice en que mes nació y eso con el calendario en el tiempo de Jesús porque ya todo esta cambiado aun los días porque antes el lunes no era lunes, sino domingo, nunca nació en diciembre. Así que tienes tarea, averigua bien y dobla rodillas que es la mejor opción de aprendizaje sobre las cosas de Dios. Tienes tarea…

    • 18 marzo, 2016 3:52 pm

      La Escritura no manda que los creyentes celebren la Navidad – no hay ciertos “días santos” que la iglesia debe observar. De hecho, la Navidad no fue observada como una fiesta hasta mucho después de la era bíblica. No fue hasta mediados del siglo quinto que la Navidad fue reconocida oficialmente.
      Nosotros creemos que celebrar la Navidad no es una cuestión de bien o mal, ya que Romanos 14:5-6 nos provee la libertad de decidir si queremos observar estos días especiales o no:
      “Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios” (Rom. 14:5-6).
      De acuerdo a estos versículos, el cristiano puede elegir legítimamente cualquier día – incluyendo Navidad – como un día para el Señor. Nosotros creemos que la Navidad da a los creyentes una gran oportunidad de exaltar a Jesucristo.
      Primero, la temporada de Navidad nos recuerda de grandes verdades de la encarnación. Recordar verdades importantes sobre Cristo y el Evangelio es un tema relevante en el Nuevo Testamento (1 Cor. 11:25; 2 Ped. 1:12-15; 2 Tes. 2:5). La Verdad necesita ser repetida porque puede ser olvidada fácilmente. Entonces, debemos celebrar la Navidad para conmemorar el nacimiento de Cristo y el maravilloso misterio de la Encarnación.
      La Navidad también puede ser un tiempo de alabanza reverente. Los pastores glorificaron y alabaron a Dios por el nacimiento de Jesús, el Mesías. Se regocijaron cuando los ángeles proclamaron que en Belén había nacido el Salvador, Cristo el Señor (Lucas 2:11). El niño puesto en el pesebre ese día es nuestro Salvador, el “Señor de señores y Rey de reyes” (Mateo 1:21; Apoc. 17:14).
      Finalmente, la gente tiende a ser más abierta al Evangelio durante la temporada de Navidad. Debemos aprovechar esto para testificarles de la gracia salvadora de Dios por medio de Jesucristo. La Navidad se trata del Mesías prometido, quien vino a salvar a Su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21). Esta fiesta nos provee una maravillosa oportunidad para compartir esta verdad.

  2. 23 diciembre, 2015 12:01 pm

    LA NAVIDAD O NATALICIO DE JESUS , NO DEBE IMPLICAR UN TEMA DEMASIADO COMPLICADO PARA EL CREYENTE, AL CRISTIANO SOLAMENTE DEBE ENTENDERLO TAL COMO LE EXPLICAN CADA UNO DE LOS EVANGELISTAS DE LA SANTA BIBLIA, AMEN DE LAS PROFECÍAS DESDE MUCHO ANTES LA ANTICIPARON POR SUS PROPIOS PROFETAS .PARA MI ES UN TEMA QUE NO HAY NECESIDAD DE COMPLICAR CON TANTAS OPINIONES. ME BASTA LO QUE DICE LA BIBLIA.

    • 22 enero, 2016 4:57 am

      zure ama

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