¿Por qué la predicación de hoy es tan pobre?

Artículo de Teología para Vivir

La predicación es fundamental para el cristianismo. La proclamación de la Palabra de Dios es el medio principal por el que los cristianos encuentran a Dios. Así que, la pregunta obvia es: ¿Por qué la predicación de hoy es tan pobre? 

Este no es un problema encontrado únicamente en iglesias pequeñas donde nadie alguna vez lo ha escuchado. Unos años atrás estuve en una conferencia donde un grupo de predicadores estaban siendo exhibidos como modelos a seguir. Uno de los principales predicadores, quien pertenecía a una de las iglesias más grandes y más conocidas en el ámbito JIR (“Joven, Inquieto, Reformado” o también conocido como “Neo-Calvinismo”) predicó un sermón que estuvo lleno de anécdotas entrañables y personales. Al terminar, me causó buena impresión como persona. Pero su predicación, fue realmente pésima, funcionalmente desconectada al texto que había leído previamente. Francamente, él pudo haber reemplazado la lectura de la Biblia por un soliloquio de  “El rey Lear” de Shakespeare y no hubiera tenido que cambiar ninguna oración de su sermón. Pudo haber sido muy buena y emocionante, pero como predicación fue un completo disparate. Lo más triste es que este disparate fue presentado a una gran multitud como un modelo que ellos deben hacer en el púlpito.

Así que, ¿por qué es que la predicación, incluso en grandes conferencias sobre predicación, es tan pobre? Uno no puede responder esto en una simple oración. Los sermones pueden ser pobres por muchas razones. Aquí les presento algunas de las ocho razones que creo son más relevantes. Todas ella las he dividido en teológicas, culturales y técnicas.

Razones Teológicas.

Primero veamos la teológica: para predicar bien, el predicador debe entender qué es lo que está haciendo. Entender lo que algo es, es una tarea es fundamental para el buen desarrollo de la misma. Si crees que la predicación consiste en comunicar información, entretener o mantener una conversación eso moldeará tu predicación. El daño más grande para seminaristas es que ellos asuman que las clases que escuchan son el modelo para los sermones que entregaran en los púlpitos. No las son. La predicación es un acto teológico. El predicador haya su contraparte no en el salón de conferencias, ni en el salón de clases o lo más terrible de todo, en el circuito de Stan-up-Comedy. Él se halla en los profetas del Antiguo Testamento, trayendo palabra de confrontación del Señor, la cual expresa una situación y demanda una respuesta.

En segundo lugar, hay un descuido en proveer un contexto apropiado a la preparación de los predicadores. Los seminarios pueden hacer solamente eso, predicar tres o cuatro veces a sus compañeros mientras están siendo grabados no es una preparación adecuada para el púlpito. Esta situación se ve agravada por la extraña práctica presbiteriana de desalentar para la predicación a aquellos que no tienen licencia para predicar. ¿Cómo puede alguien licenciar a un hombre para predicar a menos que sepa que esa persona puede predicar? Y, ¿cómo puede saber a menos que haya tenido una experiencia real en una situación real dentro de una iglesia? La pérdida del servicio vespertino en muchas iglesias no es simplemente un penoso testimonio de la pérdida del Día del Señor; también limita las oportunidades de predicar a aquellos que están en entrenamiento. Las iglesias necesitan hacer un mejor trabajo alentando a probar sus dones a aquellos que creen podrían ser llamados como predicadores, quizás en el servicio del sábado por la noche, o en algún otro lugar. Un pensamiento creativo es necesario.

Razones Culturales.

Tercero, hay una relativización de la palabra predicada y un crecimiento vertiginoso en la consejería uno a uno. No estoy negando la utilidad de la consejería uno a uno, sino que estoy diciendo que la mayoría de problemas que tenemos deberían ser tratados muy adecuadamente por la predicación pública de la Palabra de Dios. El mundo a nuestro alrededor nos dice que somos únicos y con problemas únicos. Creo que hablar de nuestra singularidad es muy exagerado. Necesitamos crear una cultura en la iglesia donde la singularidad es relativizada y donde las personas vienen a la iglesia esperando que la palabra predicada trate sus problemas particulares. Me llama la atención el hecho de que, mientras que Pablo señala algunas implicaciones particulares en sus cartas, típicamente opera en el nivel de las generalidades. Los seminarios deberían hacer de la predicación una prioridad a todos los niveles; los predicadores deben aprender a predicar con la confianza de que impactarán a individuos para su bien mientras hablan a todos desde el púlpito.

En cuarto lugar, hay a menudo un fracaso en encontrar la voz de uno mismo. Viniendo a la fe en los años ochenta, recuerdo que no había nada más embarazoso que escuchar a otro predicador británico que sentía que tenía que sonar como el Dr. Lloyd-Jones, y predicar por tanto tiempo como lo hizo el gran galés. Un sermón brillante de treinta minutos fue desechado por estos predicadores queriendo alcanzar la marca de cincuenta minutos. Hoy día, el problema es peor. Unos años atrás pregunté a unos estudiantes quién era su modelo de predicador favorito. Ninguno de ellos mencionó a los pastores bajo cuyo cuidado habían crecido. Los nombres que todos ellos señalaron fueron del pequeño e incestuoso acervo genético, es decir, del circuito de megas conferencias de predicación. Esto es un desastre en muchas maneras; entre ellos, el hecho de que estas conferencias presentan como normativo un rango muy estrecho de voces y estilos. Cada predicador necesita encontrar su propia voz, pero la tragedia es que la necesidad de llenar cinco o cien mil asientos en los estadios hace que la única voz oída sea la de aquellos que pueden atraer a los clientes. Estas voces pastorean a iglesias donde hay poco contacto entre pastores y personas. Podrán llenar estadios, pero ellos no son las únicas voces a quienes los futuros predicadores necesitan oír. El tiempo y el cambio hacen pastores de megas iglesias y también grandes nombres. Muchos buenos predicadores operan en iglesias muy pequeñas, y ellos son quienes realmente deben atestiguar sobre la importancia de hallar nuestra propia y única voz.

En quinto lugar, al menos en círculos Presbiterianos, puede haber una visión muy alta del ministerio. Parece contra intuitivo, particularmente viniendo de la pluma de un “alto” presbiteriano quien cree que una visión elevada de la ordenación ministerial es un aspecto importante de una iglesia saludable. Lo que quiero decir es esto, si la cultura de tu iglesia proyecta una visión alta del ministerio que lleva a las congregaciones a pensar que la ordenación ministerial es el único llamado que vale la pena para un hombre cristiano, la consecuencia desafortunada es que los hombres que carecen de habilidades básicas para ser ministros, no obstante, sentirán la necesidad de ser ministros con el fin de servir en una calidad promedio. Y los hombres en el ministerio quienes realmente carecen de habilidades personales necesarias para predicar no predicarán bien. Necesitamos iglesias donde es enseñado y cultivado un sano entendimiento de la vocación general del cristiano para que los hombres no sientan esa gran presión.

Razones Técnicas.

Hay muchos aspectos técnicos de la predicación, pero aquí hay tres de los problemas técnicos más comunes que hace a la predicación pobre:

En sexto lugar, el problema de no tener una estructura clara. Mi impresión es que los seminaristas a menudo asumen que la estructura del sermón que predican es clara para la congregación así como lo es para ellos. Esto raramente lo es. Los predicadores experimentados pueden hacer la estructura de  manera sencilla por medio de pensamientos claros, una progresión lógica y elocuentes oraciones. Hasta que no alcancen ese nivel, sugiero a los estudiantes hacer sus estructuras claras al empezar. “Los tres primeros puntos que deseo que vean en este pasaje son…” parece ser una manera bastante mecánica, pero al menos da claridad de a dónde quiere ir el predicador.

En séptimo lugar, el problema de no conocer la congregación. Esto se manifiesta de muchas maneras. Estudiantes y predicadores recién graduados lo manifiestan al abarrotar el sermón tanto como les sea posible de palabras teológicas arcanas, conocidas en el salón como “palabras técnicas” y galimatías en el púlpito. El punto es que no debes impresionar a la congregación con tu conocimiento. Se trata de llevar a las personas a ver a Cristo tan clara y consistentemente como te sea posible.

En octavo lugar, el problema de no saber qué dejar fuera. Quizás después de carecer de una estructura clara este es el problema más común entre seminaristas. Leíste todo lo que tuviste que leer del pasaje, ahora quieres decir a la congregación todo lo que has aprendido. No puedes hacerlo.  No le des a beber a la congregación con una manguera. Debes pensar cuidadosamente  y enfocarte en qué es lo más importante  para esta congregación en este preciso momento, lo que requiere por su puesto, conocer a la congregación hasta cierto punto. ¿Y qué hay de las otras ideas fascinantes?, úsalas en otro sermón en el mismo texto.

¿Por que la Predicación actual es tan pobre? por Carl Trueman

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Un comentario en “¿Por qué la predicación de hoy es tan pobre?

  1. Hay una pobreza espiritual y doctrinaria del Evangelio, la falta de madures del predicador y ahora ya no existe profunda comunión con Dios o con El Espíritu Santo para recibir la Sabiduría de Dios sobre el Tema que se esta predicando. El Predicador a dejado de depender de su comunión con Dios y solo toma textos o temas del mundo para predicar en contraste con el Evangelio de Jesus.

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