Coronavirus: “Ansiedad y Teorías de Conspiración”

Quiénes crean las teorías de la conspiración del coronavirus?El tema de la pandemia y en específico el covid-19, es algo que esta dando mucho de que hablar en la comunidad cristiana. Reconocidos pastores, teólogos, evangelistas etc. han levantado sus voces. Unos hablando de ser conservadores y orar para que esta situación pase rápidamente; otros hablan del inicio del final de los tiempos, otros se han dado a la tarea de sacar conclusiones de investigación y decir que todo esto es parte de una conspiración. Que hay persecusión para la iglesia, reclamando a los gobiernos para que los templos se puedan abrir etc. En fin, ¿Qué hace el cristiano laico, el líder que tiene que dirigir la grey del Señor ante esta situación, llena de confusión?Recientemente Jesse Rojo, quien es director de asuntos hispanos para Philos project. Escribió un interesante artículo para la página de Coalición para el evangelio, el cual titulo: “Cómo confrontar bíblicamente la ansiedad y las teorías de conspiración”

Parte de su artículo lo reproducimos en este espacio, ya que nos parece una opinión acertada y sabía. Jesse Rojo escribe lo siguiente:

Los creyentes no estamos exentos de sufrir esta clase de atracción y ser víctimas de la desinformación y sus consecuencias. Entonces, ¿cómo afrontamos bíblicamente la ansiedad que viene por las teorías de conspiración?

Aceptemos nuestra limitación

Necesitamos aceptar que no lo sabemos todo. Cristo mismo tuvo que lidiar con teorías de conspiración sobre su regreso, pero instruyó a sus discípulos de manera contundente: “no los sigan” (Lc. 17:22-23). Aún así, los discípulos no estuvieron libres de tener sus propias teorías. Cuando especularon sobre la futura restauración del reino de Israel, según Hechos 1:7 Jesús les respondió: “… No les corresponde a ustedes saber los tiempos ni las épocas que el Padre ha fijado con su propia autoridad”.

Jesús no respondió a la curiosidad de sus discípulos, sino que les dijo una gran verdad: “a ustedes no les corresponde saberlo”. Entender que no podemos saberlo todo puede instruirnos para manejar adecuadamente nuestros deseos de dominio de los hechos.

El escritor de Eclesiastés tuvo el tiempo, los medios, y el intelecto para descubrir todo el sistema que maneja el universo. Sin embargo, dijo: “y vi toda la obra de Dios, decidí que el hombre no puede descubrir la obra que se ha hecho bajo el sol. Aunque el hombre busque con afán, no la descubrirá; y aunque el sabio diga que la conoce, no puede descubrirla” (Ec. 8:17).

¿Será verdad que el COVID-19 es una conspiración para reducir la población mundial? ¿Se trata de un arma biológica contra China o un plan oculto para controlar el mundo? ¿Será que este es el inicio de la Gran Tribulación? No lo sabemos. Por esta razón, la solución no es seguir indagando, especulando, fomentando ansiedad, y añadiendo confusión a una situación ya incierta. Debemos aceptar nuestras limitaciones de no poder entenderlo todo y estar conformes con esa realidad…

Ante una situación como esta Cristo les advirtió a sus discípulos que serían como “ovejas en medio de lobos”, injustamente entregados a tribunales, perseguidos por familiares, y odiados por causa de Su nombre. Pero, según Mateo 10:26, Él les mandó no tener miedo con estas palabras: “Así que no les teman, porque nada hay encubierto que no haya de ser revelado, ni oculto que no haya de saberse”. Más bien, Cristo les encomendó temer a Dios (Mt. 10.28).

Si bien es cierto que existen planes ocultos para manipular el mundo, confía que no quedarán ocultos para siempre (Sal. 33:13Ec. 3:17Heb. 4:13). Mejor es temer al Dios todopoderoso que a las circunstancias y aquellas personas que solo pueden destruir el cuerpo.

Dios llama a su pueblo a temer solo a Él (Is. 8:13). El temor humano puede incrementarse en tiempos de crisis. Las malas noticias, la tasa de mortalidad, y sufrir los síntomas del virus puede llevarnos al borde de la desesperación. Pero el temor de Dios nos libera del temor humano (Sal. 112:7).

Las cosas secretas le pertenecen a Dios. Él es quien decide a quién revelárselas y a quién no (Sal. 25:14). En el caso del pueblo de Israel, Dios reveló su ley, pero a la Iglesia le reveló su evangelio. Sobre esto Pablo dice que el evangelio fue “mantenido en secreto durante siglos”, pero ahora “se ha dado a conocer a todas las naciones para guiarlas a la obediencia de la fe” (Ro. 16:25-26).

El evangelio es la revelación dada a la Iglesia. Por lo tanto, debemos ocupar nuestra mente y corazón con las promesas del evangelio que, como señaló Clemente de Roma, trae “el descanso del reino venidero y la vida eterna” (2 Clemente 5:5; 2 P. 1:43:13).

Concluye este artículo: Evita las conspiraciones secretas que solo fomentan ansiedad y desesperación. Mejor ocupa tu mente y tu corazón con las promesas del evangelio y la persona de nuestro Señor Jesucristo, donde hallarás paz y fuerza para combatir la ansiedad.

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