Los Escritos de Lucas

Jesús de Nazaret. Los evangelios

La mayor parte de la información que poseemos acerca del gran apóstol de los gentiles, con excepción de las propias epístolas de Pablo, proviene de los escritos de Lucas, su gran amigo y compañero, autor del Tercer Evangelio y de Hechos de los Apóstoles. Lucas era médico de profesión (Col_4:4) y natural de Antioquía de Siria, según dice una tradición que puede ser rastreada hasta el año 1701. La evidencia interna que trasuntan sus escritos parece dar asidero a esa afirmación. Hasta donde sepamos, Lucas es el único gentil entre los escritores del Nuevo Testamento. Sus dos obras constituyen dos partes que corresponden a un trabajo histórico continuado que transporta los orígenes cristianos desde los orígenes de Juan el Bautista hasta cerca del año 60.

   Lucas dedica las dos partes del trabajo a un personaje que sería desconocido si no fuera por el hecho de que lo menciona por el nombre de Teófilo, quien posee, al parecer, ciertos conocimientos del cristianismo y puede haber sido persona de cierta influencia oficial, dado que Lucas lo llama “Muy Excelente”, el mismo título que Pablo otorga a Félix y a Festo, los gobernadores romanos de Judea. Lucas explica el propósito de su doble trabajo en el Prólogo del Evangelio cuando dice:

Muy Excelente Teófilo Muchos han tentado poner en on orden la historia de las cosas que han sido ciertísimas entre nosotros, tal como nos las enseñaron los que las vieron desde el principio con sus ojos, y fueron ministros de la palabra. A mí me ha parecido también escribírtelas por orden, después de haber entendido desde el principio todas las cosas con diligencia, p i que conozcas la verdad de las cosas en las cuales has sido enseñado (Luc_1:1-4). pp. 270 y sig.).

 Lucas heredó las tradiciones del modo de escribir de la gran escuela histórica griega, y tuvo acceso a muy buenas fuentes de información que estaban relacionadas con los asuntos que trata, además de haber sido él mismo testigo de varios incidentes que narra. En la sección pertinente del Capítulo IV mencionamos algunas de las fuentes que pueden haberle ayudado. Podemos darnos cuenta de la importancia del trabajo de Lucas cuando comparamos la relativa 2 amplitud que poseemos de conocimientos relacionados con los progresos del cristianismo anteriores al año 60, con lo que ignoramos de muchas épocas posteriores a esa fecha. Lo cierto es que una vez desaparecido Lucas del escenario de esta vida terrena, no hubo ningún escritor que pudiera ser considerado realmente historiador de la Iglesia Cristiana hasta que apareció Eusebio de Cesárea, quien escribió su historia famosa después que el emperador Constantino el Grande promulgó en el año 313 el Edicto de Tolerancia.

 Cualesquiera hayan sido las fuentes empleadas por Lucas, hizo buen uso de ellas. Sitúa su relato en el contexto de la historia imperial. Es el único de todos los escritores del Nuevo Testamento que cita los nombres de emperadores romanos: Augusto, Tiberio y Claudio (Luc_2:1; Luc_3:1; Hch_11:28 y Hch_18:2). También se refiere al emperador Nerón, aunque no lo nombra. Es “el César” a quien apela Pablo 3. Fija el nacimiento de Jesús en el reinado del emperador Augusto, siendo Herodes el Grande rey de Judea y Cirenio gobernador de Siria (Luc_1:5; Luc_2:1 y sig.). Lucas inicia con el relato de la Kerygma el ministerio público de Juan el Bautista, y lo elabora con una serie de sincronismos a la usanza histórica griega que recuerdan al estudioso de los clásicos, los sincronismos con que Tucídides data la iniciación formal de la Guerra del Peloponeso, al principio de su segundo libro de historia. En las páginas de Lucas desfilan nombres célebres del mundo judío y gentil y, en aditamiento al de los emperadores, aparecen los gobernadores romanos Cirenio, Pilato, Sergio Paulo, Galio, Félix y Festo, lo mismo que Herodes Antipas, el tetrarca de Galilea, y los reyes-vasallos Herodes Agripa I y II, Berenice y Drusila; miembros dirigentes de la casta sacerdotal judía como Anas, Caifas y Ananías, lo mismo que Gamaliel, el contemporáneo más eminente entre los rabinos y dirigentes fariseos. Todo escritor que relaciona ampliamente con la historia mundial la trama que describe, se verá en aprietos si no es muy cuidadoso con lo que afirma, ya que ofrece a los lectores muchas oportunidades de constatar si sus escritos son o no exactos.

Lucas se somete a la prueba y sale airoso de ella. Una de las más notables señales de su precisión surge en la familiaridad con que maneja los títulos propios de los personajes que aparecen en sus páginas. Esto no era cosa fácil de lograr en aquellos tiempos que no eran como los nuestros, en que abundan los textos de consulta. La exactitud con que Lucas adjudica los varios títulos que entonces se usaban en el imperio, ha sido comparada con la forma sencilla y confiada en que un graduado de la Universidad de Oxford, por ejemplo, conversa o se refiere a los títulos que ostentan los Principales4 de los varios Colegios que constituyen la universidad, tales como el Provoste de Oriel, el Maestro de Balliol, el Rector de Exeter, el Presidente de Magdalena, y así. Una persona que como el autor de estas líneas no sea “oxfordiana”, nunca se siente cómoda cuando emplea esta frondosidad de títulos “oxfordianos”. Pero Lucas tiene que vérselas con una dificultad mayor, porque entonces sucedía a menudo que los títulos no permanecieran siendo los mismos por mucho tiempo; sucedía que una provincia pasaba del dominio senatorial al administrativo por medio del representante directo del emperador, y ya no era gobernada por un procónsul sino por un legado imperial (legatus pro praetore).

Chipre, por ejemplo, era provincia imperial hasta el año 22 A.C., época en que pasó a ser provincia senatorial y, por lo tanto, ya no fué gobernada por un legado imperial sino por un procónsul. Así es cómo explicamos que cuando Pablo y Bernabé llegaron a Chipre, alrededor del año 47, dieron con el procónstu Sergio Paulo (Hch_13:7), persona de quien sabemos bien poco a no ser mediante unas pocas inscripciones. Sir William Ramsay alega que es posible encontrar rastros cristianos en la familia de este Sergio Paulo, pero en época posterior (The Bearing of Recent Discovery in the Trustworthiness of the New Testament, La Impresión que Causan los Descubrimientos Recientes en la Veracidad del Nuevo Testamento, 1915, pp. 150 y sig.).

Del mismo modo fueron procónsules los gobernadores de Acaya y Asia, porque las dos eran provincias senatoriales. Conocemos a Galio, el procónsul de Acaya (Hch_18:12), como hermano de Séneca, el gran filósofo estoico y tutor de Nerón. Una inscripción que nos llega de la ciudad de Delfos relata una proclama del emperador Claudio que indica que Galio fué nombrado procónsul de Acaya en julio del año 51. Acaya había sido provincia senatorial desde el año 27A.C. hasta el 15 D.C. y nuevamente desde el 44 en adelante. Es de observar que Lucas, que por lo general llama a los países por su nombre étnico o popular más bien que por la nomenclatura provincial romana, y que en otras partes denomina a la provincia de Acaya por el nombre más popular de Grecia (Hch_20:2), se aparte de su costumbre para aplicar a un gobernador un título oficial, y no llama a Galio “procónsul de Grecia” sino “procónsul de Acaya”, que es el título correcto.

La referencia de los procónsules de Asia que figura en Hch_19:38, resulta rara. Siempre había un solo procónsul a la vez y, sin embargo, el empleado municipal dijo a la concurrencia ciudadana que estaba exaltada: “Procónsules hay”. Se podría alegar que la frase significa generalizar un plural, pero ¿no habría resultado más fácil decir: “¿Hay un procónsul”? Con todo, el examen de la fecha cronológica revela que pocos meses antes que ocurriera el desorden en el teatro de Efeso, había sido asesinado Junio Silano, el procónsul de Asia, por emisarios de Agripina, la madre de Nerón, quien acababa de ser nombrado emperador en el año 545. El hecho de que Silano no había llegado todavía, daría pie a la referencia indefinida del empleado municipal al decir: “Procónsules hay”. Pero la idea del Principal G. S. Duncan 6 en el sentido de que las palabras se refieren a Helio y Céleres, los asesinos de Silano, es tentadora, porque ellos fueron los que quedaron al frente de los intereses del emperador en Asia y pueden haber desempeñado muy bien el papel de procónsules en el intervalo que medió entre la muerte de Silano y el arribo del sucesor.

El empleado municipal de Éfeso tiene que haber sido un oficial nativo que actuaba como lazo de unión entre el gobierno municipal de la ciudad y la administración romana. Los asiáticos mencionados en Hch_19:31 eran representantes de las ciudades de la provincia que presidían el culto provincial “de Roma y del emperador”. El Principal Duncan sugiere en su obra citada que la revuelta se originó en el transcurso de un festival efesino dedicado a la diosa Artemisa (la Diana que figura en la versión neotestamentaria), puesto que los asiáticos, que eran los sacerdotes principales del culto imperial, tienen que haber estado presentes en la ceremonia porque ellos eran quienes representaban al emperador.

   La ciudad de Efeso había sido honrada con el título Neo-koros, es decir, “Guardiana del Templo” de Artemisa (Hch_19:35). La voz griega significa en realidad “barrendera del templo”, pero llegó a usarse como título de distinción conferido primero a ciertos individuos y, más tarde, a ciudades también. (Igual cosa acontece en nuestros días. La Cruz de San Jorge, que sirve para honrar a determinadas personas, sin embargo, ha sido conferida a la isla de Malta). Con todo, el título que Lucas adscribe a Efeso está corroborado por la inscripción griega que indica a esta ciudad como “la Guardiana del Templo de Artemisa”.

   El teatro de Efeso, donde se congregó la asamblea revoltosa, ha sido excavado en los últimos años y, a juzgar por las ruinas, pudo haber contenido unas 25.000 personas. Como sucedía en otras ciudades griegas era el lugar más conveniente para reunir la masa ciudadana.

   En el libro Hechos de los Apóstoles los magistrados de Filipos son llamados pretores, porque se trataba de una colonia romana, y eran asistidos por lictores, quienes fueron los que infligieron el duro castigo con varas a Pablo y a Sílas, según se refiere en Hch_16:12, Hch_16:20 y sig., y Hch_16:35 y sig.). El título efectivo de esos magistrados coloniales era de dunmviros; pero ellos preferían usar el más ostentoso de pretores a semejanza de Capua, otra colonia romana de quien dice Cicerón que “esos hombres desean ser llamados pretores, aunque en las otras colonias los llaman duumviros” (De Le ge Agrañs, 34).

   En Tesalónica los magistrados eran llamados politarcas (Hch_17:6-9), nombre que no aparece en la literatura clásica que ha llegado hasta nosotros; pero se encuentra en inscripciones que lo adjudican a magistrados de ciudades de Macedonia, incluso Tesalónica.

   En el relato de Hch_17:19, 20 sobre la visita de Pablo a Atenas figura la antigua Corte del Areópago. Era la más venerable de las instituciones atenienses pero, con el avance de la democracia, llegado el quinto siglo antes de nuestra era, perdió la mayor parte de su poderío y, bajo el Imperio Romano volvió a recuperar una parte del prestigio perdido. Concretándonos a los días de Pablo, existen evidencias que demuestran que entonces el Areópago ejercía cierto contralor sobre discursos públicos7 y fué natural que Pablo, que acababa de llegar a Atenas con su nueva doctrina, fuera invitado a exponerla “en medio del Areópago”, no como dice cierta versión “en el campo de Marte”, porque aunque ese era el lugar donde solía reunirse la Corte en tiempos idos, y del que recibió el nombre, ya no se congregaba más en aquel entonces, sino que lo hacía en “la columnada real” del mercado de Atenas.

   El funcionario de mayor jerarquía de Malta es llamado “el principal de la isla” en Hch_28:7, título que confirman las inscripciones griegas y latinas y que corresponden al gobernador romano de Malta.

   Cuando Pablo arribó a Roma fué entregado a un oficial llamado “stratopedarca” (Hch_28:16), según la tradición textual que ha sido identificada con el princeps peregrinorum por el historiador alemán Mommsen, titulo que se aplicaba al comandante del correo imperial, de quienes el centurión Julio parece haber sido uno de ellos (Hch_27:1).

   Según parece, Herodes Antipas, el gobernante de Galilea del tiempo del Señor, recibió de los subditos el título cortesano de “rey” (Mat_14:9 y Mar_6:14), pero contrariamente a lo que sucedió con su padre Herodes el Grande y con su primo Herodes Agripa I, no fué promovido al estado real por el emperador, y tuvo que contentarse con el título menor de “tetrarea”. Por eso Lucas nunca lo llama rey, sino tetrarca (Luc_3:1, Luc_3:19).

   Con frecuencia se cree errónea la referencia que Lucas hace de Quirino como gobernador de Siria (Luc_2:2) en el tiempo del nacimiento de Cristo (antes que falleciera Herodes el Grande en el año 4 AC), puesto que según Josefo, Quirino llegó a ser gobernador de Siria en el año 6 D.C.8. Con todo, existen evidencias sólidas que demuestran que Quirino ejerció tal cargo en una época anterior, probablemente entre los años 10 al 7 A.C., en que llenó las funciones de representante imperial en la provincia de Sirio-Cilicia, y por razones militares dirigió una expedición contra los homanadenses, tribu que habitaba los montes del Asia Menor (Véase a Ramsay, The Bearing of Recent Discovery, etc., pp. 275 y sig.). Lucas no afirma que Quirino levantara el censo que tuvo lugar en la época del natalicio de nuestro Señor, sino que el censo tuvo lugar siendo Quirino gobernador de Siria. El gobernador ordinario de Siria en aquel tiempo era Sentio Saturnino (8 al 6 A.C.), y Tertuliano afirma que Cristo nació durante ese período (Adv. Marc, iv. 19). El Dr. J. W. Jack sostiene que la inserción del nombre de “Quirino” en Luc_2:2 es un error de lectura de “Saturnino”, aunque en vista del modo cómo Sir William Ramsay trata el problema muchos creen que resulta superflua la hipótesis de una corrupción del texto.

   Adolfo Deissmann hace uso de un edicto del año 104 D.C. para ilustrar la descripción que hace Lucas de la forma en que levantó el censo, enrolando a todas las personas en su lugar de origen:

C. Vibius Máximo.. Prefecto de Egipto, proclama: Que estando próximo el enrolamiento por casas, se hace necesario notificar a todos los que por cualquier razón se hallen fuera de sus nomos (divisiones administrativas de Egipto), que deben regresar a sus hogarese domésticos, para que puedan cumplir también con el enrolamiento y continuar con la labranza que les pertenece (Light from the Ancient East, Luz que nos viene del Antiguo Oriente.

   No faltan quienes creen haber descubierto otro error en Luc_3:1 donde dice que Lisanías era tetrarca de Abilinia, al oeste de Damasco, en el décimo quinto año de Tiberio (años 27-28 D.C.), y para ello alegan que el único Lisanías de Abilinia conocido en la historia antigua falleció en el año 34 A.C. Pero últimamente han aparecido evidencias que consisten en una inscripción que anota la dedicación de un templo, “realizada por Nimfeo, liberto de Lisanías el tetrarca, para la salvación de los Señores Imperiales y de toda su casa. La referencia a “los Señores Imperiales”, título dado en conjunto al emperador Tiberio y a su madre Livia, la viuda de Augusto, fija la fecha de la inscripción entre los años 14 D.C., que es el año de la ascensión de Tiberio, y el 29, que es la del fallecimiento de Livia (Véase a Ramsay, The Bearing of Recent Discovery, etc., pp. 297 y sig.). En vista de la fuerza de ésta y otras evidencias podemos darnos por satisfechos con el veredicto del historiador Eduardo Meyer en el sentido de que la referencia que hace Lucas de Lisanía “es totalmente correcta” (Ursprung und Anftinge des Christendums, 1921, i. p. 49).

   Sir William Ramsay, que dedicó muchos y fructíferos años a la arqueología del Asia Menor, da testimonio del conocimiento íntimo y preciso que Lucas tiene del Asia Menor y de la Grecia Oriental de la época que tratan sus escritos. Cuando Ramsay inició las investigaciones arqueológicas, hacia 1880, estaba firmemente convencido de las posiciones que sostenía entonces la famosa escuela de Tubinga, en el sentido de que el libro de Hechos de los Apóstoles es producto de una época bien entrada del siglo segundo; pero las evidencias irrebatibles que se le fueron presentando en el correr de las investigaciones, le obligaron a revertir totalmente los puntos de vista que sostenía.

   La exactitud que Lucas revela en los detalles que ya hemos examinado, puede extenderse también a los aspectos más generalizados de la atmósfera y coloridos locales. Siempre capta bien el medio ambiente. Está Jerusalem, con su conglomerado excitable e intolerante que forma un contraste marcado con el emporio bullicioso de Antioquía, donde se agolpan, hombro a hombro, personas de distintos credos y nacionalidades que consiguen redondear angulosidades y asperezas contrarias, al punto que no sorprende que la primera iglesia gentil se haya establecido allí y que judíos y los que no lo eran se reunieran en hermanable tolerancia y comunión (Hch_11:19 y sig.). También está Filipos, la colonia romana que contaba con magistrados importantes y una ciudadanía que se sentía orgullosa de ser romana. Y Atenas, con sus disputas innumerables en el Areópago y su sed inagotable por conocer las últimas noticias, sed por la que sus estadistas fueron regañados unos cuatrocientos años antes9. También tenemos a Efeso, con su templo de Artemisa, una de las siete maravillas del mundo de entonces, y tantas otras ciudades que vivían del culto de la gran diosa. Efeso tenía fama por la superstición y la magia que la envolvían, reputación que se había corrido de tal manera por el mundo antiguo que el nombre corriente que se usaba para toda suerte de encantos y embelezos era Ephesia grammata, o sea “letras efesinas”. Es indudable que eran rollos de esos versos encantados los que se quemaron públicamente cuando el apóstol Pablo proclamó con poder la fe cristiana que libertó a los hombres de semejantes miedos supersticiosos (Hch_19:19).

   Ciertas porciones del libro Hechos de los Apóstoles son conocidas como las secciones denominadas nosotros, porque en esos párrafos el autor pasa súbitamente de la narración en tercera persona a la de la primera persona del plural, e indica de ese modo recatado, pero conveniente, que él estuvo presente en ciertos episodios que describe (Hch_16:10 y sig.; y Hch_27:1 y sig.). Es posible que la última sea la más importante de esas secciones, porque es la que contiene el gran relato del viaje y naufragio que Pablo compartió con los compañeros que zarparon de Palestina hacia Italia. H. J. Holtzmann dice que esa descripción “es uno de los documentos más instructivos para conocer la náutica antigua” (Handcommentar zum NT, 1889, p. 421). La obra clásica en idioma inglés sobre este particular se titula The Voyage and Shipwreck of St. Paul, El viaje y naufragio de San Pablo, por James Smith y publicada en 1848. Smith fué un yachtsman muy experimentado y gran conocedor de la región del Mediterráneo por donde atravesó el apóstol Pablo, y da testimonio de la sorprendente exactitud que Lucas posee cuando describe cada una de las etapas del viaje. Smith fué el primero que estableció la exactitud de los datos que Lucas suministra.

   En lo que se refiere al relato que Lucas traza de la estada de ellos en Malta (Hch_28:1-10), Adolfo Harnack dice que “basándonos en el pasaje de Hch_28:9 y sig., resulta muy probable de que el autor ejerció las funciones de médico en Malta” (Luke the Physician, Lucas-‘ el médico, p. 177). Después de examinar el lenguaje empleado en el pasaje, llega a la siguiente conclusión:

No existe duda, pues, que toda la sección de Hch_28:3-6 está teñida con colorido médico, y desde que los tópicos y la fraseología son también médicos en los versículos 7 al 10, llegamos a la conclusión de que todo el relato de la permanencia en Malta transcurre en un ambiente médico (Ib., p. 179).

   Ahora bien: todas estas evidencias de exactitud no son accidentales. Toda persona a quien pueda demostrársele exactitud en asuntos pasibles de ser demostrados, es probable que también sea precisa donde los medios para ponerlo a prueba no sean tan accesibles.   Volvamos a Ramsay que dice:

Existe la presuposición, naturalmente, de que un escritor que se muestra exacto y veraz en un punto determinado, demostrará también las mismas condiciones en otros asuntos. Nadie es correcto por casualidad o exacto esporádicamente.

Se es preciso en virtud de cierto hábito mental. Personas hay que son precisas por naturaleza; otras son indefinidas e imprecisas por naturaleza también. Pero no se puede admitir que un escritor sea exacto ocasionalmente e inaxacto en otras porciones de su obra. Cada cual tiene su propia norma y medida de trabajo, que es producto de su propio carácter moral e intelectual- …Quien estas líneas escribe asume la posición de que la historia trazada por Lucas no tiene rival en lo que respecta a su integridad (The Bearing of Reeent Discoverij, etc.,   pp. 80 y sig.).

   Ramsay resume las cualidades de Lucas como historiador en el párrafo que tomamos de la misma obra que acabamos de citar, cuando dice: Lucas es historiador de primera magnitud, no porque sus afirmaciones sean dignas de confianza sino porque posee verdadero sentido histórico; fija la mente en la idea y en el plan que regula la evolución de la historia, y proporciona la importancia de cada incidente a la escala del tratamiento adecuado.

Capta los sucesos importantes y críticos para mostrarlos a la luz de su verdadera naturaleza, mientras apenas roza, u omite, enteramente detalles que no vienen al caso con sus propósitos. En suma: este autor debe ser colocado entre número de los historiadores más grandes (p, 222).

   Esta conclusión es de tanta mayor importancia para nuestro punto de vista por cuanto es la declaración y conclusión a que arriba una autoridad que ha escalado posiciones tan elevadas en el dominio de la historia antigua y la arqueología, quien no es ni teólogo ni apologista. Pero la verdad que expone ha sido reconocida por muchos criticistas bíblicos cuya posición, frente a la Biblia, es decididamente liberal. Además, tiene suma importancia porque los escritos de Lucas cubren el período de la vida y muerte del Señor Jesucristo, y los treinta primeros años de la vida de la Iglesia Cristiana, incluso el período de tiempo en que el apóstol Pablo llevó a cabo su mayor obra misionera y escribió las cartas que han llegado hasta nosotros. En realidad, los dos escritos de Lucas enlazan el Nuevo Testamento: el Evangelio trata los mismos sucesos que los otros Evangelios, y el libro Hechos de los Apóstoles suministra el fondo histórico a las epístolas paulinas. El cuadro que Lucas proporciona del resurgimiento del cristianismo, concuerda con el testimonio de los otros tres Evangelios y de las cartas de Pablo. Lucas coloca su cuadro dentro del marco de la historia contemporánea, y el modo de hacerlo lo expone, inevitablemente, a que su obra se vea despedazada, si es que trata de ser un novelista. Lo cierto es que se somete a una prueba de la que sale airosa la veracidad de sus propios escritos y, junto con ellos, el delineamiento principal de los orígenes del cristianismo que encontramos en la totalidad del Nuevo Testamento.

***

1. Del Prólogo Antimarcionista a Lucas.   Véase también la Historia Eclesiástica de Eusebío, iü. 4.

2. Pero “relativa” solamente, porque Lucas rastreó la marcha del Evangelio en la ruta que conduce de jerusalén a Roma, principalmente. No poseemos informes o son muy escasos de las actividades misioneras simultáneas operadas en África o en el Asia que no era romana.

3. Hch_25:11, etc.  En el cap. Hch_25:21 es llamado Augusto.

4. El traductor vierte literalmente los títulos que usan las universidades inglesas y norteamericanas, que no existen o no concuerdan con los que son comunes en las universidades latinoamericanas. Pero lo hace para conservar la fuerza del argumento que emplea el autor, que es excelente y que, por otro lado, perdería su fuerza.

5.Tácito, Anales, xiii. 1; Dión Casio  Historia, 1 xi. 6.

6.St. Paul’s Ephesian Ministry, El ministerio de Pablo en Efeso, 1929, p. 102 y sig.

7. Véase a Sir William Ramsay, St. Paul the Traveller, San Pablos el viajero 149 edición de 1920, pp. 245 y sig., y The Bearing of Recent Discovery, etc., pp. 101 y sig.

8. Flavio Josefo, Antigüedades, xiii. I. I. Véase mi trabajo titulado “Censo” en volumen suplementario N9 1 de la New Schaff-Herzog Encyclopaedia of Religious Knowledge.

9. Hch_17:21.  Véase a Tucídides iii. 38,5 y a Demóstenes, Philippic, i. 10.

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