Apostasía

1 Timoteo 4:1, “pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos se apartarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios”

La palabra griega apostasia indica un “alejamiento” de la verdad, especialmente de la verdadera religión (ver 2 Tesalonicenses 2:1-3). Habiendo dicho esto, tal vez sea más exacto decir que la verdadera apostasía es más un “dar la espalda” o “volverse en contra” que un simple alejamiento por negligencia. “Tal vez aún más exactamente, la apostasía podría describirse como un grupo en particular que da la espalda a Dios o rechaza la relación en convenio ofrecida mediante los de Su casa. (2 de Crónicas 29:6; Jeremías 2:27). En consecuencia, la apostasía no es necesariamente una deserción de la religión propiamente dicha sino más bien una perversión de, o una rebelión en contra de, la verdadera religión. De tal manera que la apostasía no requiere un alejamiento total de la propia fe sino un rechazo a las leyes de Dios y Sus profetas o a sus líderes divinamente elegidos

 “Evidencia bíblica e histórica sugiere que la apostasía general no es necesaria para que Dios presente una nueva dispensación, aun cuando a veces sucede de esa manera. Así como la apostasía puede verse como una desviación del curso verdadero, así también una dispensación puede verse como la corrección de un curso. Viéndolo de otra manera, alguna vez el reordenamiento divino es necesario para corregir tanto la orientación como el accionar de la casa de Dios”

Con el reordenamiento de los asuntos de Dios y el llamamiento de un nuevo profeta fundador para liderar una nueva dispensación, se da solución a cuatro problemas de importancia: (1) se reestablece un profeta viviente como el vocero de Dios en la tierra, por medio del cual nuestro Padre habla a Sus hijos, (2) se reestablece la divina autoridad de Dios por medio de la cual se permite al hombre actuar en el nombre de Dios y guiar a Su pueblo; (3) se restaura y aclara las doctrinas distorsionadas a su estado simple y puro; y (4) se restaura la autoridad para efectuar sacramentos, o ritos y ordenanzas, conjuntamente con la verdadera naturaleza de su propósito.

Las evidencias de que la iglesia cruza por un momento de clara apostasía son muchas, entre ellas:

  • La vida frívola de los cristianos.
  • La insensibilidad hacia la santidad de Dios.
  • La naturalidad con que se practica el pecado.
  • La introducción en la iglesia de cuanto estilo de adoración extravagante y ridículo que va surgiendo.
  • El desprecio declarado hacia la sana doctrina.
  • Desprecio a la instrucción. De ahí, la eliminación de la Escuela Dominical.
  • La marcada indiferencia hacia la Palabra de Dios.
  • El materialismo de las iglesias, ministros y
  • miembros.
  • Las competencias para ver quién tiene la iglesia más grande.
  • El número alarmante de ministros que caen en adulterio, que se divorcian, y que siguen inamovibles en sus púlpitos.
  • El concepto tan bajo que el mundo secular tiene de las iglesias, de los ministros y de los cristianos.
  • Los estilos de adoración sensuales de parte de músicos, vocalistas y cantantes nómadas.
  • El protagonismo y señorío que muchos pastores tienen sobre las iglesias.
  • El nepotismo que hace de las iglesias una empresa familiar.
  • La facilidad con que las personas se hacen cristianas, se bautizan y se hacen miembros de las iglesias.
  • La sustitución de la Biblia por la psicología.
  • La politiquería, el caciquismo pueblerino, el apadrinamiento, y la burocracia que distinguen a tantas personas que ostentan cargos eclesiásticos.

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