El Siervo Devoto

Entre las muchas ceremonias ordenadas por Dios para su pueblo antiguo, la del siervo devoto constituye un hermoso tipo, o modelo, de Cristo en su maravilloso amor que motivaba su obra triunfante en la cruz.

Éxodo capítulo 21 empieza con las trágicas circunstancias de un hebreo que ha llegado a tal extremo de pobreza y destitución que no puede pagar sus deudas. Por esto, según la ley, tiene que venderse por esclavo en liquidación de ellas. Aquí tenemos un cuadro de nuestra triste condición espiritual: “vendidos a sujeción del pecado”, Rom. 7:14. La cuenta de nuestros pecados era tan grande y nosotros tan completamente quebrados que nos era imposible satisfacer las justas demandas de la santa ley. Continuar leyendo “El Siervo Devoto”

La Fuente de Bronce #Tabernáculo

  Como cristianos, a menudo nos manchamos al atravesar el desierto de este mundo. Por eso Dios nos ha dado un recurso purificador y santificador: su Palabra. Ella está prefigurada por el agua de la fuente de bronce en la cual los sacerdotes debían lavarse las manos y los pies a fin de estar limpios para servir en el santuario. La Palabra está a nuestra disposición para juzgar todo lo que es incompatible con la santidad divina.
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El Altar de Bronce

En figura, el hombre que responde al llamado del Salvador entra por la puerta. Al penetrar en el atrio ¿qué ve en primer término? El altar de bron­ce. Sabe entonces que una víctima santa, inocente y sin mancha fue consumida allí para que no lo fuera él mismo.  Este altar estaba hecho con madera de sittim recubierta de bronce. La madera de sittim (acacia) es una bellísima imagen de la verdadera humani­dad del Hijo de Dios, “nacido de mujer y nacido bajo la ley” (Gálatas 4:4). Esta madera estaba interior y exteriormente recubierta de bronce, fi­gura de la justicia y santidad divinas frente al pecador y al pecado. El bronce resiste las ardientes llamas que todo lo consumen, vale decir que es una imagen de la manera en que nuestro Señor Jesús sufrió el ardor de la cólera de Dios, voluntariamen­te y con una entera sumisión, pero también con una determinación única y una perseverancia sin parangón. ¡Loor a Él! Continuar leyendo “El Altar de Bronce”

El Atrio del Tabernáculo

  Éste era un vasto patio de 100 codos de largo por 50 de ancho (un codo equivale a algo menos de medio metro). En el interior se encontraba el altar del holocausto y la fuente de bronce y luego, en segundo plano, los lugares santos.

El cerco que rodeaba al recinto del atrio estaba hecho con cortinas (o colgaduras) de lino fino torcido, de 5 codos de alto, suspendidas por medio de corchetes de plata y varas conexivas de plata, las cuales estaban fijadas a columnas, cada una de las cuales descansaba sobre una basa de bronce. Había 20 columnas en el costado sur. 20 en el norte, 10 al occidente y 10 al levante. Continuar leyendo “El Atrio del Tabernáculo”

Abiatar

Nombre propio que significa «Padre de la abundancia».                                                              Hijo de Ahimelec, sumo sacerdote a quien sucedió en el cargo (1Sa_22:20). Fue un fiel consejero de David (2Sa_15:24; 2Sa_17:15; 2Sa_19:11); juntamente con Zadoc trajo el arca de la alianza a Jerusalén (2Sa_15:24 y 1Cr_15:11-12).

Hijo del sumo sacerdote Ahimélec, de la tribu de Leví y de la línea de Elí. (1Sa 14:3; 22:11; 23:6.) Vivió durante los reinados de Saúl, David y Salomón, y durante el reinado de David llegó a ser sumo sacerdote. Tuvo dos hijos: Jonatán y Ahimélec (el mismo nombre que el padre de Abiatar). (2Sa 15:27, 36; 8:17.) Continuar leyendo “Abiatar”