Archivo de la categoría: Libros de la Biblia

Lo místico en Cantar de Cantares

Fuente: Protestante Digital

Lo místico es lo profundo de Dios; no lo confundamos con una espiritualización errónea de una realidad vivenciada.

Orígenes, uno de los Padres de la Iglesia, fue el primer gran intérprete de El Cantar de los Cantares. Era griego; nació en Alejandría, al norte de Egipto, en el año 185 y murió el año 253 a.C. en la ciudad de Tiro.

Está considerado como el fundador de la interpretación alegórica de esta universal y excepcional obra de Salomón. Escribió un comentario denominado El Epitalamio, que es un cántico de bodas sobre la base textual del Cantar de los Cantares. Sigue leyendo Lo místico en Cantar de Cantares

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Profeta Ezequiel

Libro de Ezequiel

Vida del profeta.
Ezequiel (en hebreo Yejezque’el: “Dios conforta”) era de la clase sacerdotal , y fue llevado a Babilonia como cautivo en 598 a.C., juntamente con el rey Jeconías y parte de la aristocracia judaica. Según el mismo nos dice, moraba en una localidad llamada Tell-Abib, junto al río Kebar (o Naru Kabaru, de las inscripciones cuneiformes), al sur de Babilonia. Allí vivía con su esposa, participando de las penas de los exilados. En el año quinto de su cautividad (593), mientras se hallaba a orillas de dicho río, fue llamado misteriosamente al ministerio profético, que ejerció durante veintidós años. Su último escrito data del 572 a.C. (año 27 de su traslado a Babilonia). No sabemos cómo ni cuándo murió. Según una tradición antigua judaica, fue muerto por un juez del pueblo que había sido reprendido por el profeta. Sigue leyendo Profeta Ezequiel

La Torre de Babel

Escenas Bíblicas Génesis capítulo 11

Pasados unos cien años después del diluvio, ya que los hombres volvían a multiplicarse sobre la tierra, les ocurre formarse en asociación con ciertos planes de operación y fines que alcanzar. Todavía recuerdan lo sucedido a los habitantes anteriores y la prodigiosa salvación de sus padres en el arca, pero de nuevo proceden sin contar con Dios, aun pretendiendo desafiarle. El mundo había sido anegado hasta las cumbres más altas, pero ahora principian a levantar una torre que debería alcanzar el mismo cielo.

Alrededor de tan grande obra de su imaginación orgullosa, debían edificarse una ciudad, y el fin de todo era hacerse un nombre y evitar que fuesen desparramados sobre la faz de la tierra. Dios contemplaba la necedad de estos descendientes de Noé y sembró entre ellos la confusión por enviarles una diversidad de idiomas de manera que no se entendían. Se comprende la dificultad que esto causaba, resultando en el abandono completo de la empresa y el esparcimiento de los hombres en todas direcciones.

La idea de confederación, sin embargo, ha permanecido en el corazón humano y la historia revela algunos esfuerzos notables para volver a intentar lo que no se pudo en el llano de Sinar. Sigue leyendo La Torre de Babel