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¿Qué es el neo calvinismo?

20 mayo, 2015

Estas son una serie de publicaciones de blogs que tratan temas que son interesantes y que queremos compartir con ustedes.

En años recientes la palabra “neocalvinismo” ha empezado a sonar con alguna fuerza, especialmente entre los bautistas reformados de Inglaterra y algunos en USA. Es difícil determinar todo lo que incluye el término, pues, para algunos hace referencia al nuevo movimiento de reforma que está extendiéndose por muchas naciones, incluyendo a algunas latinoamericanas como Rep. Dominicana, Colombia, Perú, etc. Es decir, los que en este sentido usan el término neo calvinistas se refieren al reciente despertar que hay en algunas iglesias evangélicas hacia las doctrinas de la gracia y el pensamiento reformado.

Por otro lado, este término hace referencia a algunas tendencias contemporáneas que, según los analistas del calvinismo, están imponiendo algunos de los líderes más connotados entre las iglesias de corte reformado (John Piper, Wyne Grudem, Tim Keller,  entre otros). Estas nuevas tendencias son, entre otras: el cultivo o proyección de la imagen internacional de un pastor o predicador prominente, cierta apertura a un pluralismo evangélico reformado tanto en doctrina como en conducta, flexibilidad en algunos temas fundamentales de la fe reformada (soteriología, escatología, etc), amplitud en la forma de celebrar el culto de adoración, especialmente al adoptar ritmos modernos populares para la música en la adoración; creencia en un continuismo moderado de los dones carismáticos; psicologización de la consejería bíblica, “mundanalización” de los jóvenes vistiendo y usando atuendos en el cuerpo como los incrédulos.
No sería conforme a la verdad afirmar que los predicadores mencionados entre paréntesis estén de acuerdo con todas estas tendencias, sino que, los analistas del neocalvinismo consideran que ellos están involucrados en una o varias de estas preocupantes tendencias.

Bueno, el tema es difícil de tratar, especialmente porque en este momento hay un despertar generalizado en el mundo evangélico hacia las doctrinas de la gracia. Obviamente, esto trae como consecuencia que cristianos de diferentes trasfondos denominacionales empiecen a identificarse como reformados o calvinistas; por lo tanto, no es extraño hoy día encontrar sacerdotes anglicanos que se identifican como reformados, los cuales conservan las formas litúrgicas elaboradas de la iglesia de Inglaterra. También encontraremos pentecostales que se hacen llamar reformados, es decir, pastores que tienen una forma particular de adorar al Señor, o que hablan en lenguas, pero a la vez tienen los cinco puntos del calvinismo. Lo mismo sucede con otras denominaciones.

Ahora,  todo cristiano de trasfondo reformado debe experimentar gozo al saber que muchas iglesias están abandonando las doctrinas humanistas del arminianismo y están empezando a comprender las verdades gloriosas del evangelio centrado en Cristo y no en el hombre; este es el evangelio al cual denominamos “las doctrinas de la Gracia”.

Pero, surge un asunto que es de gran importancia y que los pastores y teólogos reformados debemos empezar a considerar en serio: ¿Debemos permanecer impasibles frente a la introducción de creencias o prácticas ajenas a nuestra preciosa doctrina y permitir que la fe reformada se convierta en una colcha llena de retazos de diferentes formas y colores, con el fin de que todas las denominaciones con sus trasfondos particulares quepan dentro de lo que llamamos las Iglesias Reformadas, o, por el contrario, debemos procurar establecer una clara diferencia entre lo que es el movimiento histórico de la reforma y las iglesias que aceptan algunas doctrinas calvinistas?

Esto puede sonar jactancioso, orgulloso y exclusivista para algunos, especialmente porque estamos viviendo en mundo pluralista. Pero, creo que una de las cosas que más daño le está haciendo actualmente a la iglesia de Cristo es esa capacidad de mimetizarse que han desarrollado las iglesias actuales en medio de un mundo en constante cambio, es decir, las iglesias de hoy día no quieren quedarse atrás en ninguna de las innovaciones que algunos “predicadores” de talla internacional introducen a través de la televisión, el internet u otros medios.

Pondré un ejemplo de lo que quiero decir: hace algún tiempo visité una ciudad de la costa atlántica colombiana. El domingo quise congregarme en una iglesia bautista, donde pudiera adorar al Señor con mis hermanos, cantando preciosos himnos y escuchando una predicación expositiva centrada en Cristo, pues, eso es lo que ha caracterizado a las iglesias bautistas. Pero, oh, no grata sorpresa, el tiempo de cantos, danzas y espectáculo duró más de una hora, no se entonaron los preciosos himnos que han caracterizado a la liturgia bautista, sino que al ritmo de tambores, guitarras eléctricas, panderos y guiados por un grupo de baile, se entonaron dos o tres canciones cuyas emotivas y lacónicas estrofas se repitieron una, dos, tres, y no se cuántas veces más. Al final de la “predicación”, si pudiera llamarse así, el pastor concluyó con un triste espectáculo de sanaciones, liberaciones y otras cosas características de algunos movimientos extremos carismáticos.

Realmente, en esencia, esta no es una iglesia bautista, sino carismática, que en un tiempo fue bautista. Estas iglesias creen que son bautistas porque forman parte de una denominación que hace mucho tiempo lleva ese nombre, pero no son bautistas, ellos no tienen los distintivos que han caracterizado a este movimiento evangélico. El nombre que la iglesia tiene en la puerta, lastimosamente, ya no indica lo que ellos son, pues, cuando uno va a entrar a una iglesia bautista, espera encontrar un culto muy ordenado, con himnos, predicación expositiva de la Biblia, y otros elementos propios de dicha fe.

Lo mismo me sucedió alguna vez cuando fui a dar una conferencia en la hermosa ciudad colombiana de Bucaramanga. Estaba explicándo a los pastores las similitudes y diferencias doctrinales entre los bautistas y los presbiterianos. Una de las cosas que mencioné fue el tema del bautismo, es decir, que los presbiterianos practican el paidobautismo (infantes), mientras que los bautistas solo bautizan a creyentes, a lo cual, una “anciana” de la iglesia presbiteriana replicó diciendo que ellos no bautizaban niños, sólo jóvenes o adultos y por inmersión. Quedé perplejo ante esta anotación, pues, si ellos no bautizan niños, ni conservan los distintivos de los estándares de Westminster, entonces no son presbiterianos. Debieran cambiar el nombre de la iglesia, pues, ahora son bautistas o carismáticos.

Esta tendencia actual de usar un nombre denominacional que nada tiene que ver con lo que creen o practican es catastrófico, pues, está produnciendo confusión en el pueblo evangélico, e incluso, entre los no creyentes. Si una iglesia cambia su doctrina o práctica, por la razón que sea, también debe cambiar su nombre.

Lo mismo está sucediendo con el actual movimiento reformado. Algunas iglesias que por un tiempo fueron bautistas o presbiterianas reformadas, ahora están meguando en su teología histórica, con el  fin de adaptarse al hombre y la sociedad contemporánea. Por ejemplo, el movimiento carismático dentro de la iglesia evangélica ha sido muy fuerte, y actualmente un alto porcentaje de evangélicos se identifican con esta forma de fe, esto ha conducido a muchos teólogos y predicadores reformados a suavizar su posición “cesacionista” y buscar un espacio para el diálogo ecuménico, tratando de establecer puentes entre estas dos visiones. Estos puentes se están construyendo a través de abandonar la doctrina cesacionista, reemplazóndola por un continuismo moderado, es decir, dar por sentado que hoy día Dios puede estar dando dones milagrosos a ciertas personas en particular, incluso, la capacidad de hablar en nuevas lenguas y dar profecías. Aunque algunos de estos predicadores reformados, en la práctica, no hablan en lenguas, ni creen tener dones de sanación, con su postura ambigua, acolitan o respaldan las prácticas erráticas de algunos carismáticos que tanto daño han causado al pueblo de Dios.
Y creo que en esto muchos estudiosos y hermanos carismáticos estarán de acuerdo conmigo: La presencia de iglesias cesacionistas que frecuentemente denuncian los excesos del movimiento de “pentecostés” es una bendición para el cuerpo de Cristo, pues, ayuda a evitar que una emotividad exacerbada los lleve a errores catastróficos en una falsa depedencia del Espíritu Santo. Es verdad que carismáticos y reformados no están de acuerdo frente al tema de la continuidad o no de los dones, pero gran bendición hay para la iglesia en general con la presencia de los cesacionistas; somos como un freno para los excesos.

En el campo de la adoración la situación no es mejor. Algunas iglesias que se hacen llamar reformadas han abandonado la sencillez del culto bíblico, tal y como ha sido practicado por nuestras iglesias durante varios siglos, para ser reemplazado por un tiempo en el cual las personas dan rienda suelta a sus emociones, cantando canciones invadidas de cortos mensajes, centrados en la “capacidad” que tiene el adorador para amar a Dios. O, es posible que se canten himnos o cánticos con un buen contenido bíblico, pero acompañados de ritmos musicales e instrumentos que distraen a la congregación de la centralidad en Cristo, para enfocarse en el alto sonido de los instrumentos, el ritmo acelerado de la batería u otros efectos típicos de la música contemporánea que nada tienen que ver con la verdadera adoración.

Ahora, no estoy condenando a las iglesias que practican esta clase de adoración, sólo estoy diciendo que esto no es lo que las iglesias reformadas han hecho en la historia, por lo tanto, si una iglesia practica esta clase de culto, lo más recomendable es que no lleve el apellido “reformado”, porque confunde a las personas, confunde a los creyentes y a los incrédulos.

Las iglesias reformadas históricas tienen una forma particular de adorar al Señor, tienen una doctrina clara y contundente respecto a los dones carismáticos, y además, tienen gran aprecio por la Ley del Señor. La fe reformada considera que los diez mandamientos no son un medio de salvación, pero sí tienen una función importante en la vida cristiana. La Ley de Dios es altamente apreciada por nosotros, pues, ella nos muestra la necedidad que tenemos de Cristo el Salvador, ella frena el pecado en el mundo y ella se convierte en una regla que nos ayuda a medir el amor que tenemos hacia Cristo.

Las iglesias reformadas históricas tenemos un amor y un profundo respeto por el día del Señor. Creemos que la Biblia enseña claramente que los creyentes deben dedicar un día especial para adorar a Dios (sabatt), que es el domingo, nuestro sábado cristiano. Si bien es cierto que a Dios lo debemos adorar todos los días, Dios ha mandado que lo adoremos de manera especial todo un día, al cual la Biblia le llama “santo”, “agradable”. Si una iglesia, así crea en los cinco puntos del calvinismo, no tiene ese amor profundo y respeto por este día santo, entonces no debe llamarse reformada. Puede usar otro nombre, pero no el nombre reformado.

Amamos a todos los hermanos en la fe, y consideramos que las iglesias cristianas que tienen las doctrinas fundamentales de la Biblia, forman parte del cuerpo de Cristo, pero siendo que existe una variedad dentro de ella, es preciso, por amor a la verdad y la pureza de la fe, que cada una use un nombre que la identifique realmente con lo que ella es.

No debemos usar nombres que no nos corresponden. Una iglesia carismática no debe usar el nombre bautista, una iglesia que no bautiza infantes ni tiene un gobierno por ancianos no debe llamarse presbiteriana, una iglesia que no tiene los distintivos históricos de la fe reformada, no debe usar ese nombre, así tenga algunos elementos del calvinismo.

Su servidor en Cristo,

Julio César Benítez

www.caractercristiano.org

 

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