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Harán

Murió Harán antes que su padre Taré en la tierra de su naturaleza, en Ur de los Caldeos, Génesis 11:28

Los últimos versículos del capítulo 11 de Génesis traen delante de nosotros cuatro personas típicas, o sean, representativos de la gran familia humana:

  • Harán tipifica a la inmensa multitud de indiferentes, que viven y mueren en “la tierra de su naturaleza”, o “ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay”.
  • Taré, a ese gran número de meros profesantes religiosos que carecen de la potencia impulsiva de la fe salvadora y de las obras que caracterizan esta fe.
  • Lot, al triste grupo de creyentes con mentes carnales, cuyos ojos están puestos en “las llanuras del Jordán” en vez de “en las cosas de arriba”.
  • Abram es el verdadero tipo del fiel creyente; obediente y consagrado a Dios.

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El Dios que tiene cumpleaños

Por: Juan Stam

Nuestra palabra “Navidad” comenzó como una pronunciación popular del latín Nativitas Dei, el nacimiento de Dios. Antiguamente también, en ciertas épocas de la Edad Media, una de las maneras de señalar las fechas era “en el año tal después del nacimiento de Dios”. Con esa terminología clásica, en estos días estaríamos terminando “el año 2005 después del nacimiento de Dios”.

Por eso, es muy significativa la palabra “Navidad”. Cuando la pronunciamos, en efecto estamos reconociendo que el que nació en Belén es Dios. Por eso también, aunque hoy nos pueda extrañar, la iglesia antigua insistía en que María era “Madre de Dios”, porque el niño que nació de su vientre era divino, era Dios el Hijo. Por supuesto, eso no significaba que María era madre de Dios Padre o de la trinidad como tal. Creer eso sería el colmo de la herejía.

Pero en todo eso, y en la Navidad misma, hay un problema muy difícil de explicar: si Dios es eterno e inmutable, y por eso no puede cambiar, ¿cómo pudo Dios nacer? ¿No significa eso necesariamente un cambio en Dios mismo? Ahí está el escándalo de la Navidad, al decir que Dios nació y tiene cumpleaños.

La filosofía en general, y también la mayor parte de la tradición teológica cristiana, han dado una importancia central a la inmutabilidad de Dios como esencial a su ser divino. Dios es Dios por los atributos divinos que tiene: es eterno, infinito, omnipotente, omnisciente, omnipresente e inmutable. Entonces, un Dios que cambiara no sería Dios. Sin embargo, bíblicamente la cosa no es tan sencilla. Cuando las escrituras dicen que Dios no cambia, no se refiere a un concepto abstracto y estático de un Dios que ni puede actuar ni sentir, sino a la fidelidad y constancia de Dios.

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