La Geniza De El Cairo: Tesoro Escondido de Manuscritos Judíos

Descubre la historia de Fustat y la Geniza de El Cairo, el mayor archivo del judaísmo medieval, clave para la Biblia, la vida judía y el mundo islámico.

Tras el progresivo declive que experimentaron muchas comunidades judías durante los últimos siglos del dominio romano y bizantino, la conquista islámica de Egipto (639–641 EC) supuso, paradójicamente, una nueva etapa de estabilidad y revitalización para el judaísmo local. En general, las comunidades judías recibieron el dominio musulmán con relativo entusiasmo, especialmente debido a la mayor tolerancia religiosa y a las oportunidades económicas que ofrecía el nuevo orden político.

Entre estas comunidades destacaba la asentada en la ribera oriental del Nilo, en la cabecera del delta. Allí, en el año 643, los musulmanes fundaron Fustat-Misr, la primera ciudad islámica de Egipto y su capital durante más de tres siglos, gracias a su enorme importancia estratégica, política y comercial. Fustat se consolidó rápidamente como el principal centro administrativo y económico del país, alcanzando su máximo esplendor durante el período fatimí (969–1171 EC). Con el tiempo, sin embargo, fue desplazada por un antiguo suburbio situado a unos pocos kilómetros al noreste: Al-Qahira, la actual El Cairo.

Hace aproximadamente mil años, Fustat-Misr (el actual El Cairo Antiguo) era uno de los centros más influyentes del judaísmo medieval. Su comunidad judía mantenía estrechos vínculos con las grandes comunidades de Babilonia, Palestina, el norte de África y la península ibérica, todas ellas integradas dentro del mundo islámico. Este entramado de contactos se vio favorecido por la estabilidad política, el desarrollo económico y el dinamismo cultural de la ciudad.

Durante el siglo XII, la comunidad judía de Fustat alcanzó un notable prestigio intelectual bajo el liderazgo de Moshé ben Maimón (Maimónides), uno de los más grandes filósofos, juristas y teólogos del judaísmo. Su presencia simboliza el alto nivel cultural y religioso que caracterizó a la ciudad en esa época.

Diversidad interna del judaísmo en Fustat

La comunidad judía de Fustat estaba lejos de ser homogénea. A ella llegaron inmigrantes procedentes de Babilonia y Palestina, quienes establecieron sus propias sinagogas y mantuvieron tradiciones litúrgicas diferenciadas. Junto a ellos coexistía una comunidad caraita significativa, con sinagogas propias y una interpretación del judaísmo centrada exclusivamente en el texto bíblico, en contraste con el judaísmo rabínico tradicional.

Durante el período de relativa tolerancia y prosperidad bajo los califas fatimíes, la comunidad judía palestina mandó construir una nueva sinagoga a mediados del siglo X, destinada a albergar a una población en constante crecimiento. Los documentos de la Geniza se refieren a este edificio como Knisat al-Yerushalmiyyin o Knisat al-Shamiyyin, en referencia a los judíos procedentes de Palestina y Siria. A partir del siglo XV comenzó a conocerse como Knisat Elías (Eliyahu), en alusión al profeta bíblico.

A comienzos del siglo XX, esta sinagoga pasó a ser conocida como la sinagoga de Ben Ezra, nombre con el que ha quedado definitivamente asociada a uno de los hallazgos documentales más importantes de la historia: la Geniza de El Cairo.

La Geniza: concepto y práctica

El término Geniza proviene de una raíz hebrea que significa “esconder”, “guardar” o “retirar”. En el judaísmo adquirió un significado técnico: designa el lugar donde se almacenaban objetos escritos que habían sido considerados sagrados —especialmente aquellos que contenían el nombre de Dios o versículos bíblicos— pero que ya no podían utilizarse en el culto debido a su deterioro.

Con el tiempo, el término pasó a referirse específicamente a una habitación o depósito destinado a conservar manuscritos dañados, evitando su destrucción, conforme a la práctica judía de no desechar textos sagrados.

Lo extraordinario de la Geniza de El Cairo es que, a diferencia de otros casos en los que los manuscritos eran finalmente enterrados o retirados a cuevas, estos documentos permanecieron durante siglos en el mismo lugar, protegidos de la destrucción gracias al clima seco de Egipto.

Un archivo total de la vida judía medieval

La comunidad rabínica palestina de Fustat no depositó en la Geniza únicamente textos religiosos como la Biblia, el Talmud o la literatura litúrgica. También incluyó materiales de procedencia caraita, palimpsestos, responsa rabínicos, poesía, documentos legales y administrativos, correspondencia privada y textos escolares.

En la práctica, todo aquello escrito en alfabeto hebreo —ya fuera en pergamino o papel, manuscrito o impreso, antiguo o tardío— terminaba en la Geniza. Esto convirtió el depósito en un archivo único de la vida judía medieval.

El redescubrimiento moderno

Aunque la existencia de la Geniza era conocida en ciertos círculos desde hacía siglos, no fue hasta el siglo XIX cuando académicos y comerciantes de antigüedades lograron obtener permiso para extraer algunos manuscritos. Fragmentos comenzaron a aparecer en bibliotecas de San Petersburgo, Jerusalén, Londres, Oxford, Filadelfia y Cambridge, que adquirió sus primeros materiales en 1891.

Sin embargo, nadie había identificado aún el origen común de todos estos fragmentos, hasta que Salomón Schechter (1847–1915), erudito rumano formado en Viena y Berlín y profesor de estudios talmúdicos en Cambridge, intuyó que todos procedían de una única fuente: la Geniza de El Cairo.

Su interés se intensificó al estudiar unos folios que resultaron ser fragmentos de la versión hebrea original del Libro de Ben Sira (Eclesiástico), considerado perdido hasta entonces. Animado por figuras académicas como el Dr. Charles Taylor, presidente del St. John’s College, Schechter viajó a El Cairo en 1896 y, en 1897, trasladó a Cambridge unos 140.000 fragmentos procedentes de la sinagoga de Ben Ezra.

Importancia histórica y textual

Los documentos de la Geniza han revolucionado el estudio de la historia judía medieval, proporcionando información detallada sobre la vida social, económica y religiosa del Mediterráneo entre los siglos VII y XIII. La colección Taylor–Schechter de la Universidad de Cambridge es hoy una de las más importantes del mundo en el ámbito de los estudios hebraicos.

Entre los textos recuperados destacan:

  • El Libro de Ben Sira en hebreo original
  • El Documento de Damasco, idéntico al hallado décadas después en Qumrán
  • Textos bíblicos y targúmicos con sistemas de vocalización alternativos
  • Literatura litúrgica temprana
  • Documentos legales, médicos, comerciales y familiares
  • Algunos de los testimonios más antiguos en yidis

El estudio de palimpsestos ha permitido recuperar textos griegos y siríacos ocultos bajo capas hebreas, y el análisis litúrgico ha contribuido a reconstruir ritos antiguos y tradiciones poéticas medievales.

Traducciones bíblicas al árabe

Con la expansión del árabe como lengua cultural dominante, surgió la necesidad de traducir la Biblia hebrea a esta lengua, tanto para comunidades populares como para círculos intelectuales interesados en el diálogo teológico. En la colección Taylor–Schechter se conservan aproximadamente 1.300 fragmentos de traducciones bíblicas al árabe, que representan dos tercios del material de este tipo en la colección.

Todos los libros bíblicos están representados, aunque el Pentateuco y los textos litúrgicos son los más frecuentes, seguidos de libros como Proverbios y Daniel.

Conclusión

En conjunto, los fragmentos de la Geniza de El Cairo constituyen un testimonio excepcional de la continuidad, diversidad y vitalidad del judaísmo medieval. Aún hoy, numerosos manuscritos de la llamada Serie Nueva permanecen sin estudiar en su totalidad, lo que sugiere que la Geniza sigue guardando secretos que pueden transformar nuestra comprensión del pasado.


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