Explora las diferentes perspectivas sobre el bautismo de niños dentro de las Iglesias Evangélicas, analizando sus bases teológicas, diferencias con la Iglesia Católica y la influencia histórica que ha dado lugar a esta práctica en diversas tradiciones cristianas.

El debate sobre el bautismo infantil en las iglesias evangélicas es uno de los temas más controvertidos en el cristianismo. La pregunta central que se plantea es: ¿Por qué algunas iglesias evangélicas practican el bautismo de bebés, mientras que otras lo rechazan? Aunque esta práctica es común en algunas tradiciones, como en la Iglesia Católica y las iglesias protestantes reformadas, no es una costumbre universal dentro del cristianismo evangélico.
El Contexto Bíblico y Teológico
El bautismo es un acto que tiene su raíz en la obediencia a los mandamientos de Cristo. Según las enseñanzas de Jesús, el bautismo simboliza la limpieza del pecado y la entrada en la comunidad de creyentes, identificando a la persona con Cristo y su mensaje (Mateo 28:19-20). Sin embargo, la interpretación y aplicación de este acto varían según la denominación.
Por un lado, las iglesias que practican el bautismo infantil, como las protestantes reformadas, argumentan que el bautismo en el Nuevo Testamento guarda relación con la circuncisión del Antiguo Testamento. En la tradición judía, los niños eran incluidos en el pacto de Dios mediante la circuncisión, un rito que simbolizaba la pertenencia a la comunidad del pueblo elegido. De manera similar, las iglesias que bautizan a los infantes sostienen que los niños de creyentes deben ser incluidos en el pacto de gracia, y por ello, pueden recibir el bautismo.
Este enfoque se basa en la visión de que los niños forman parte de la «casa» de los creyentes, como se menciona en varios pasajes bíblicos (por ejemplo, Hechos 16:31, 1 Corintios 7:14). La práctica del bautismo de infantes, entonces, no se ve como una mera tradición católica, sino como un desarrollo legítimo de la enseñanza bíblica que incluye a toda la familia en el pacto de Dios.
Argumentos en Contra del Bautismo Infantil
Por otro lado, las iglesias bautistas y algunas otras denominaciones evangélicas sostienen que el bautismo debe administrarse solo a aquellos que han llegado a una edad de discernimiento, cuando pueden hacer una confesión personal de fe en Cristo. Según esta perspectiva, el bautismo es un acto consciente de fe, y, por tanto, no tiene sentido bautizar a un bebé que no puede expresar esa fe. Citan versículos como Marcos 16:16, que dice: «El que creyere y fuere bautizado será salvo», y argumentan que la fe es un prerrequisito para el bautismo. De acuerdo con este razonamiento, solo aquellos que han alcanzado la madurez espiritual suficiente para arrepentirse y creer deben ser bautizados.
En este sentido, la práctica del bautismo infantil se considera innecesaria, ya que la Biblia no ofrece ejemplos explícitos de niños siendo bautizados. Además, algunas interpretaciones consideran que el acto de «presentar» a los niños ante Dios es suficiente hasta que alcancen una edad en la que puedan tomar la decisión por sí mismos.
La Historia y la Tradición de la Iglesia
El origen del bautismo infantil, aunque discutido, tiene raíces en la práctica temprana de la Iglesia. Aunque algunos sugieren que esta costumbre fue adoptada por la Iglesia Católica después de la Reforma, existen evidencias históricas que indican que el bautismo de niños era común en la iglesia primitiva. Padres como Justino Mártir y Policarpo, que vivieron en los primeros siglos del cristianismo, mencionan que los niños eran bautizados como parte de la tradición cristiana, mucho antes de que la Iglesia Romana tomara forma como la conocemos hoy.
Además, algunas denominaciones evangélicas argumentan que el hecho de que la Iglesia primitiva haya bautizado a los niños refleja una continuidad con las prácticas del Antiguo Testamento, donde toda la familia, incluidos los hijos, era incluida en el pacto de Dios. En este sentido, los evangélicos que practican el bautismo infantil no lo ven como un acto de «regeneración» en el sentido en que lo hace la Iglesia Católica, sino como un acto de inclusión en el pacto de la gracia de Dios.
El Bautismo y la Identidad Cristiana
El bautismo, tanto para los que lo practican con infantes como para los que lo restringen a los creyentes conscientes, no se considera en última instancia como un medio para alcanzar la salvación, sino como un símbolo de la fe y de la purificación del pecado. En las iglesias que practican el bautismo infantil, se cree que este acto es una señal de que el niño ha sido incluido en el pacto de Dios, y se espera que, a medida que crezca, llegue a una comprensión plena de su fe.
De igual manera, aquellos que no practican el bautismo infantil creen que el bautismo es un acto simbólico que sigue a la confesión de fe personal y la regeneración espiritual. En ambos casos, el bautismo se ve como un acto que refleja la gracia de Dios, y no como un medio para asegurar la salvación.
Conclusión
El tema del bautismo infantil es uno que sigue dividiendo a las comunidades evangélicas, y es un área en la que se pueden encontrar opiniones teológicas muy diversas. Sin embargo, es importante recordar que, independientemente de la posición que se adopte, el bautismo no es un acto que salve por sí mismo, sino un símbolo de la fe cristiana y de la entrada en la comunidad de los creyentes.
Ya sea que se bauticen niños o se espere a que sean adultos los que hagan una confesión consciente de fe, ambas prácticas están orientadas a cumplir el mandato de Cristo de hacer discípulos y bautizarlos en su nombre. La clave es la regeneración espiritual por medio del Espíritu Santo, que es lo que realmente otorga seguridad y esperanza a los creyentes.
Con el objetivo de ofrecer una lectura más ágil y accesible. Este artículo es una versión resumida del contenido original. ¡No te pierdas nuestras nuevas publicaciones! #actualizado #versionrevisada
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