Los hijos de Israel, de seminómadas que eran, en la tierra prometida, se convirtieron en campesinos, cultivando los cereales y la viña. La vendimia, como la siega, es signo y fuente de alegría; pero también puede simbolizar la desgracia.
En el Antiguo Testamento, la vendimia se asocia con la fiesta de los Tabernáculos. Esta fiesta era una celebración de la cosecha y de la bendición de Dios. También era una ocasión para recordar el éxodo de Egipto y la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud.
En el Nuevo Testamento, la vendimia se asocia con Jesús. Jesús se compara a sí mismo con una vid y a sus discípulos con los sarmientos. La vid es una fuente de vida y de crecimiento, y los sarmientos dependen de la vid para vivir. Jesús dice que él es la vid y que sus discípulos son los sarmientos. Si permanecen en él, producirán fruto, pero si se apartan de él, morirán.
La vendimia es un símbolo de la redención porque representa la obra de Jesús en la cruz. Jesús murió en la cruz para pagar por nuestros pecados y para redimirnos de la esclavitud del pecado. Al morir en la cruz, Jesús nos dio nueva vida y nos hizo hijos de Dios.
Bendición divina. La fiesta de la recolección (Éx 23,16; 34,22) venida a ser fiesta de los tabernáculos (Dt 16,13), “la fiesta” por excelencia (IRe 8,2.65) sin duda por ser la más popular, no tiene la menor relación con el culto de Baco, pero tiene probablemente su origen en la fiesta cananea de la vendimia (Jue 9,27). Israel, reconociendo en la cosecha de la uva la bendición divina, da por ello gracias a Dios en medio da regocijos populares: danzas (Jue 21,19ss), gritos de los trabajadores en las viñas y en el lagar (Is 16,10; Jer 48,33), alegría que procura el vino nuevo (Sal 4,8) y quizás hasta embriaguez (lSa 1,14 s).
Esto, para los fieles de la alianza; pero para los infieles, maldición: la viña es devastada (Os 2,14; Is 7,23), ya no hay cosecha (Dt 28,39), la viña “languidece” (Is 24,7), hombres y mujeres se lamentan en lugar de danzar (Is 32,10-13; J1 1.5); en el soberbio Moab ya no hay alegría ni gritos de júbilo (Is 16,9s; Jer 48,32s). Pero cuando el pueblo haya expiado sus faltas, ya no hará la langosta estéril la viña (Mal 3,11), los viñedos volverán a estar florecientes (Jer 31,12; Ag 2,19) y darán de nuevo un vino de calidad superior (Os 14,8). En una palabra, la vendimia expresa excelentemente el gozo de la era mesiánica (Am 9,13; Ez 28,26; JI 2,24; Is 25,6).
Símbolo del castigo divino. Como la recolección que supone trilla y avienta, simboliza el castigo del pecador endurecido, lo mismo se aplica a la vendimia respecto a los in-fieles, puesto que va precedida del despojo de los pámpanos y de la pisa de las uvas en el lagar. Para castigar Dios al pueblo que le ha renegado, invita al invasor a racimar lo que queda de Israel (Jer 6,9); él mismo pisa en el lagar a la virgen, hija de Judá (Lam 1,15).
Cogida de la uva, selección de los racimos, lagar pisado, tales imágenes ilustran también el castigo de las naciones, particularmente el de Edom, que no socorrió a Judá cuando la toma de Jerusalén: vendrán vendimiadores que no dejarán nada para racimar (Jer 49,9; Abd 5s); Yahveh pisará a Edom en el lagar y la sangre que salpicará manchará de púrpura sus vestidos (Is 63-1-6). La imagen de la vendimia simboliza, por tanto, fácilmente el juicio de Dios. Así, para desgracia de las naciones les hará Yahveh beber su copa embriagadora (Jer 25,15-30); o, según el Apocalipsis, un ángel, armado de hoz, vendimiará los racimos y volcará todo en el inmenso lagar de la ira de Dios (Ap 14, 17ss; 19,15).
LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teología Bíblica, Herder, Barcelona, 2001
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