Genealogía y Nacimiento del Mesías

La Genealogía de Jesucristo Mateo 1:1-17

Genealogía de Jesucristo, hijo de David | InfoVaticana

Una lectura por encima del Nuevo Testamento puede hacer que el lector se pregunte por qué empieza con algo tan tedioso como un árbol genealógico. Se podría llegar a la conclusión de que hay poca significancia que sacar de este catálogo de nombres, y por ello saltarlo para pasar donde comienza la acción. Sin embargo, la genealogía es indispensable. Establece el fundamento para todo lo que sigue. A no ser que se pueda demostrar que Jesús es un descendiente legal de David a través de la línea regia, es imposible demostrar que sea el Mesías-Rey de Israel. Mateo comienza su relato donde debe empezarlo: con la evidencia documental de que Jesús heredó el derecho legal al trono de David a través de su padre putativo, José.
Esta genealogía traza el linaje legal de Jesús como Rey de Israel; la genealogía en el Evangelio de Lucas traza Su linaje directo como Hijo de David. La genealogía de Mateo sigue la línea regia desde David a través de su hijo Salomón, el rey siguiente; la genealogía de Lucas sigue la línea de sangre desde David a través de otro hijo, Natán. Esta genealogía termina con José, de quién Jesús era el hijo adoptado; la genealogía en Luc_3:1-38 probablemente presenta el linaje de María, de quien Jesús era Hijo verdadero.

Un milenio antes, Dios había hecho un acuerdo incondicional con David, prometiéndole un reino que permanecería para siempre y un linaje que gobernaría para siempre (Sal_89:4; Sal_89:36-37). Este pacto está ahora cumplido en Cristo: Él es el heredero legal al trono de David a través de José y la simiente real de David a través de María. Por cuanto Él vive para siempre, Su reino permanecerá para siempre y reinará eternamente como el mayor Hijo de David. Jesús unió en Su persona las únicas bases para la pretensión al trono de Israel (la legal y la lineal); por cuanto Él sigue viviendo, no puede haber otro pretendiente. Mat_1:1-5

La fórmula Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham es similar a la expresión en Gén_5:1 : «Éste es el libro de los descendientes de Adán». Génesis introduce al primer Adán; Mateo, al postrer Adán. El primer Adán fue cabeza de la primera creación, la física. Cristo, como el postrer Adán, es Cabeza de la nueva creación, la espiritual.

El tema de este Evangelio es Jesucristo. El nombre Jesús lo presenta como Jehová-Salvador;[(Mat_1:1) Jehová es la forma castellanizada del nombre hebreo Yahweh, que en muchas versiones, especialmente en las inglesas (y en la BAS castellana) se traduce Señor. Compárese la situación similar con Jesús, la forma castellanizada del hebreo Yeshua. ] el título Cristo («Ungido»), como el largamente esperado Mesías de Israel. El título Hijo de David está asociado en el AT con los papeles a la vez de Mesías y Rey. El título Hijo de Abraham presenta a nuestro Señor como Aquel que es el cumplimiento definitivo de las promesas hechas al progenitor del pueblo hebreo.

La genealogía se divide en tres secciones históricas: de Abraham a Isaí, de David a Josías, y de Jeconías a José. La primera sección lleva a David; la segunda cubre el periodo del reino; la tercera preserva el registro de la descendencia regia durante el exilio (586 a.C. y después)

Hay muchos rasgos interesantes en este registro. Por ejemplo, en este párrafo se mencionan cuatro mujeres: Tamar, Rahab, Rut y Betsabé (la que fue mujer de Urías). Por cuanto las mujeres son pocas veces mencionadas en las tablas genealógicas orientales, la inclusión de estas mujeres es tanto más asombrosa por cuanto dos de ellas habían sido prostitutas (Tamar y Rahab), una había cometido adulterio (Betsabé), y dos de ellas eran gentiles (Rahab y Rut). Su inclusión en la introducción de Mateo es quizá una sutil sugerencia de que la venida de Cristo traería salvación a los pecadores, gracia a los gentiles, y que en Él se derrumbarían las barreras de la raza y del sexo.

También es interesante la mención de un rey llamado Jeconías. En Jer_22:30 Dios pronunció una maldición sobre este hombre:
«Así dice Jehová: Escribid lo que sucederá a este hombre privado de descendencia, hombre a quien nada próspero sucederá en todos los días de su vida; porque ninguno de su descendencia logrará sentarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Judá».

Si Jesús hubiese sido el verdadero hijo de José, habría caído bajo esta maldición. Pero tenía que ser el hijo legal de José para heredar los derechos al trono de David. El problema quedó resuelto mediante el milagro del nacimiento virginal: Jesús era el heredero legal al trono por medio de José. Él era el verdadero hijo de David a través de María. La maldición de Jeconías no recaía sobre María ni sobre los hijos de ella, porque ella no descendía de Jeconías.

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