Las Tablas del Tabernáculo: Simbolismo Espiritual de Redención

Descubre el profundo significado espiritual de las tablas y travesaños del Tabernáculo: redención, justicia divina y unidad de la Iglesia en Cristo según la enseñanza bíblica.

El Tabernáculo no fue simplemente una estructura móvil construida en el desierto; fue una revelación visible del plan redentor de Dios. Cada elemento —medidas, materiales, disposición y detalles— poseía un significado espiritual profundo. Entre estos elementos destacan las tablas de madera de acacia y los travesaños que conformaban su estructura. Más que componentes arquitectónicos, representan una enseñanza teológica sobre la redención, la justicia divina y la unidad del pueblo de Dios en Cristo.

La madera de acacia: humanidad incorruptible

Las 48 tablas que formaban el Tabernáculo estaban hechas de madera de acacia, un material resistente y duradero, capaz de soportar las inclemencias del desierto. La acacia simboliza la humanidad de Cristo: verdadera, pero sin corrupción. Así como esta madera era fuerte y resistente, Cristo asumió una naturaleza humana perfecta, sin pecado.

Las tablas estaban recubiertas de oro. En la simbología bíblica, el oro representa la justicia y la naturaleza divina. Esta combinación —madera recubierta de oro— presenta una imagen clara: humanidad revestida de divinidad. En Cristo, la naturaleza humana y divina están unidas perfectamente. Y en los creyentes, esta imagen apunta a una verdad gloriosa: somos revestidos de la justicia divina (Isaías 61:10; 2 Corintios 5:21). No permanecemos en nuestra condición natural; somos cubiertos por la justicia de Dios.

Las basas de plata: fundamento de redención

Cada tabla estaba asentada sobre dos basas de plata mediante espigas. La plata, en la tipología bíblica, representa la redención. En el Antiguo Testamento, el precio del rescate se pagaba en plata. Así, el fundamento mismo del Tabernáculo descansaba sobre la redención.

Esto sugiere que el creyente no se sostiene por méritos propios, sino por la obra redentora de Cristo. Las dos espigas encajadas en las basas evocan estabilidad y seguridad: la salvación no es frágil ni provisional. Está asegurada en la obra consumada del Señor. Además, mientras disfrutamos ya del rescate de nuestras almas, aún aguardamos la redención plena de nuestros cuerpos, lo que da a esta imagen una dimensión presente y futura.

La disposición de las tablas: orden y propósito divino

Las tablas estaban distribuidas con precisión: veinte al sur, veinte al norte y ocho al occidente. Esta organización no es arbitraria. Revela que la morada de Dios está construida con orden, simetría y propósito.

Cada tabla tenía las mismas medidas. Ninguna era mayor ni menor. Esto ilustra la igualdad espiritual de los creyentes delante de Dios. Aunque diferentes en funciones y dones, todos participamos de la misma redención y estamos revestidos de la misma justicia. No hay jerarquías en cuanto a valor espiritual; todos somos parte del mismo edificio santo.

Los travesaños: unidad visible e invisible

Cinco travesaños de madera de acacia recubiertos de oro mantenían unidas las tablas. Cuatro eran visibles desde el exterior, pero el quinto —el central— corría internamente de un extremo al otro.

Aquí encontramos una poderosa imagen eclesiológica. Los cuatro travesaños visibles pueden representar los ministerios mencionados en Efesios 4:11: apóstoles (en el fundamento histórico de la Iglesia), profetas, evangelistas, pastores y maestros. Son dones visibles que contribuyen a la edificación y cohesión del cuerpo de Cristo. Estos ministerios, ejercidos en amor —simbolizado por los anillos de oro— fortalecen la unidad del edificio espiritual.

Sin embargo, el travesaño central tiene un significado aún más profundo. Invisible desde el exterior, pero atravesando toda la estructura, simboliza a Cristo habitando en cada creyente por medio del Espíritu Santo. Es la unidad interna, espiritual, que no depende de estructuras humanas sino de la presencia viva de Cristo. Como afirma Romanos 12:5: “Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo”.

La verdadera cohesión de la Iglesia no proviene únicamente de organización externa, sino de una unión interna y vital con Cristo. Él es quien mantiene todo unido.

La Iglesia como habitación de Dios

El Tabernáculo era la morada de Dios en medio de su pueblo. Hoy, esa morada no es un edificio físico, sino la comunidad de creyentes. Cada “tabla” representa a un redimido; juntos formamos la habitación de Dios en la tierra.

Este simbolismo revela tres verdades fundamentales:

  1. Fundamento: La Iglesia descansa sobre la redención.
  2. Identidad: Está revestida de justicia divina.
  3. Unidad: Es sostenida por la presencia interna de Cristo y fortalecida por ministerios visibles.

Mientras la Iglesia permanezca en la tierra, el Señor seguirá proveyendo los dones necesarios para su edificación. Pero la esencia de su estabilidad no está en lo visible, sino en la obra invisible del Espíritu.

Conclusión

Las tablas y travesaños del Tabernáculo no son meros detalles arquitectónicos del Antiguo Testamento; son una revelación profética del plan eterno de Dios. En ellas contemplamos la humanidad perfecta de Cristo, la justicia que nos reviste, la redención que nos sostiene y la unidad espiritual que nos une.

El Tabernáculo nos recuerda que Dios no habita en estructuras frías, sino en un pueblo redimido, justificado y unido en Cristo. Cada creyente es una tabla sostenida por la plata de la redención y recubierta con el oro de la justicia divina, firmemente unida a los demás por la presencia viva del Señor.

Así, la arquitectura del desierto se convierte en una teología viva: la Iglesia como morada gloriosa de Dios.


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